Martes  22 de Mayo de 2018 | Última actualización 07:13 PM
Por: Editor de Internacionales | 3:17 PM

La postal se ve diferente: en la Plaza de la Revolución, el Malecón o La Habana Vieja desaparecieron los antiguos "camellos" y las bicicletas, y los destartalados automóviles clásicos de los años 50 y los vehículos rusos deben ahora lidiar con autobuses articulados chinos.

Una inversión de 170 millones de dólares en los dos últimos años está renovando la red de transporte público y los viejos autobuses que combinaban la cabina de un camión con dos remolques, conocidos como "camellos", dieron paso a ómnibus articulados de fabricación china o bielorrusa.

El servicio "ha cambiado bastante porque (los vehículos) son un poco más cómodos, hay más ómnibus que antes y la gente se siente más aliviada", comentó Eduardo Llibre, un músico, en una parada del populoso Parque de la Fraternidad.

Pintados de verde, anaranjado, amarillo, azul y rojo los nuevos autobuses articulados --porque tienen un muelle al medio-- son más espaciosos, cuentan con prácticas agarraderas y con música funcional a bordo.

Aunque las calles siguen siendo las mismas, los buses, un reordenamiento de las paradas y las señales informativas dan una imagen más "moderna" de La Habana.

"En 2006 llegamos a una situación crítica", comentó el ingeniero Carlos Alberto González, director de desarrollo de la Dirección Provincial de Transporte de La Habana.

Quedaban por entonces tan solo 150 de los vetustos "camellos" --contando los que siempre se rompían-- para cubrir las necesidades de una ciudad con 2 millones de habitantes.

La crisis de la red de transporte en toda la isla, pero principalmente en la capital, se gestó a principios de la década de 1990, cuando comenzaron a ser descartados por viejos los 2.500 ómnibus con que contaba la capital --procedentes de la antigua Unión Soviética o de Europa del Este-- y muchos habaneros tuvieron que recurrir a bicicletas o hacer dedo bajo el inclemente sol tropical.

En el 2006, el presidente interino Raúl Castro se hizo eco del clamor callejero: reconoció que el transporte ofrecía un servicio muy pobre, que conspiraba contra la eficiencia económica pues incluso muchos trabajadores no podían llegar a sus puestos. Poco después comenzó la renovación de la flota de autobuses y un programa integral.

"En este momento tenemos en La Habana 517 ómnibus articulados y 556 convencionales, o sea, 1.072 en total", indicó González, quien aseguró que actualmente se transporta un millón de personas.

"El objetivo es lograr transportar --siempre hablando de la capital-- 3,5 millones de pasajeros para el 2012 mediante 2.300 ómnibus", agregó González. La cifra equivaldrá a una cobertura del 85% de las necesidades, lo que, según el funcionario, constituye un parámetro óptimo para una ciudad de un país del tercer mundo.

Según González, el programa alcanzará una inversión de unos 600 millones de dólares.

Aunque en otras ciudades como Santiago (la segunda del país) y en el resto de la nación se iniciaron planes como este, González prefirió no especular sobre los montos proyectados.

El proyecto en la capital no solo incluyó la compra de autobuses, sino la reparación de las calles por donde pasan, la adecuación de las terminales y el reclutamiento de nuevos choferes.

Se hizo además una reorganización completa del servicio, según Yuri González --sin parentesco con el otro funcionario--, el encargado del área de pasajes de la Dirección Provincial de Transporte.

"Estamos tratando de llevar el sistema, el método, del subterráneo a la superficie. Rutas principales con otras alimentadoras", comentó González, quien reconoció que los planes isleños deben luchar también contra la crisis económica mundial y su impacto en la isla.

Hay dos empresas: "Metrobus" opera 17 vías principales --de enorme demanda-- que se entrelazan como si se tratara de un metro, en tanto que "Omnibus Urbanos" llega a las zonas más alejadas de la ciudad.

Para desarrollar este esquema los expertos de transporte se apoyaron en experiencias como las de Curitiba (Brasil) o Bogotá, que movilizan muchos pasajeros sin el enorme costo financiero y el impacto ambiental de un metro subterráneo, indicó Yuri González.

Las redes son operadas completamente por el estado en este país socialista, donde pocos sectores se abrieron a la iniciativa privada.

Yuri González y Alonso dijeron que "Metrobus" opera sin subsidios: el costo por pasajero es de 0,37 centavos de pesos cubano y el boleto le cuesta a los usuarios 0.40 centavos (menos de un centavo de dólar).

Paralelamente, se supone que la nueva red de transporte no afectará a los taxis particulares, un servicio brindado por autos que por unos 10 pesos cubanos (0.47 centavos de dólar) llevan a varias personas por una ruta fija.

Para los funcionarios consultados se trata de mercados diferentes y las autoridades prometieron dar nuevas "licencias" para estos taxis, una de las pocas formas de trabajo privado en la isla.

"La convivencia (entre taxis y ómnibus) está bien, sin problemas. Son segmentos de la población diferentes", indicó Yuri González.

Las autoridades libran además una campaña contra el vandalismo y contra los choferes que conducen a excesiva velocidad o que se quedan con el dinero de los pasajes.

Se colocaron sistemas de GPS para verificar las velocidades, según indicó Yuri González, y la televisión mostró a varios jóvenes que fueron condenados por provocar destrozos en los ómnibus recién entrenados. Los tribunales los sancionaron a trabajar varios meses en las áreas de engrase y mantenimiento de los autobuses.

A pesar de la mejoría en la red de transporte, muchos habaneros no pierden la costumbre de hacer dedo (pedir botella o bola).

"Creo que la situación (del transporte) sigue compleja, sobre todo en los horarios picos. Yo prefiero combinar un poco de 'guaguas' (autobuses) y de 'botella' (dedo) para ir más rápido y cómoda a un lugar", dijo la trabajadora de un instituto, Bárbara Martínez, quien desafiaba al sol en una esquina del barrio del Vedado mientras, dedo en alto, esperaba que un automóvil la acercara hasta La Habana Vieja. "Además los cubanos son solidarios y el país es seguro", señaló la mujer, de unos 40 años.

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