Viernes  20 de Julio de 2018 | Última actualización 11:11 AM
Ética de la reforma universitaria: Tiene que ser transformadora
Por: FERNANDO A. PEÑA S. | 9:12 PM

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Pensando en las reformas educativas proyectadas en el continente latino-caribeño para cambiar o transformar el modelo educativo impuesto bajo la hégira del neoliberalismo, el educador y pedagogo Brasileño, sacerdote Paulo Freire, dijo: “Temo que se coloca demasiado énfasis en las nuevas tecnologías, en la educación tecno-científica, restringiendo el espacio de los paradigmas, los valores, la ética. Sin humanismo tendremos una generación dotada de capacidad profesional pero sin corazón. La competencia habrá de prevalecer sobre la solidaridad y el capital sobre los derechos humanos. Y así iremos a la barbarie.”

Cuando hablamos de Reforma Universitaria estamos planteando un cuestionamiento profundo del modelo educativo que tenemos y proponiéndonos dimensionar el que deseamos construir desde una determinada práctica en cuya centralidad tiene que encontrarse una definida concepción, estructurada desde parámetros socio-culturales, socio-políticos, académico-institucionales y ético-morales, insertos en la visión y la misión de la universidad como ente corporativo y crítico dentro de la sociedad que corresponde.

El punto de partida para ello implica el desarrollo de una sustancial reflexión en torno al paradigma educativo hegemónico que posibilita la construcción de sujetos sociales subordinados a esquemas de docilidad que reeditan las formas y los contenidos sistémicos que sirven de base al ordenamiento del esquema de injusticias socio-culturales y político-económicas que caracterizan nuestras sociedades; combinando esos esquemas con la dotación a los mismos de las habilidades y destrezas en función de las cuales se les aliena para mantener y potenciar los ejes de valores y la infraestructura que define el sistema social dominante.

Es decir, un proceso de reformas efectivas del sistema y modelo universitario crítico y superador, supone una auto-conciencia de los actores componentes de la universidad, forjada sobre la base de prácticas alternativas, fundamentadas en un nuevo tipo de interacción social, relaciones humanas soportadas en la solidaridad, alejadas de los prototipos individualistas y mercantilistas, para formar sujetos activos en la participación libertaria y creativa.

Por ello, junto a un examen profundamente crítico de las condiciones de la universidad, de un análisis de la realidad histórica del proceso de reformas institucionales y académicas que hemos vivido desde el Movimiento Renovador y teniendo como referencia un objetivo diagnóstico de las condiciones de la academia, se requiere del desarrollo de un proceso integrador, masivo, participativo, que articule la totalidad, en la perspectiva en una direccionalidad que resulte de la unión consciente de lo diverso y en el que se construya un modelo contra-hegemónico, un proceso que reconvierta la nueva y crítica conciencia de cambios en una institución académica reformada medularmente.

La garantía de éxito del proceso descansa principalmente en la capacidad que se logre para socializar el mismo, logrando que los actores se empoderen y conviertan en conciencia plena la propuesta de un proyecto contra-hegemónico, surgido de la relación diálogo-conflicto que abra paso a la dimensión protagónica del sujeto multi-sectorial que efectivamente intelectualice la Reforma como un resultado de la acción socio-cultural y la construcción colectiva de conocimientos.

Asumiendo que la universidad es un producto histórico-social, como entidad y como propuesta cultural, todo proceso de reformas de la misma tiene que realizarse, en relación y de cara a la sociedad y jamás asumirse como un proceso de carácter administrativo-institucional o simplemente académico. Tiene que asumirse como un proceso integral que piense críticamente, pero en forma estrictamente relacionada y vinculada, todas las esferas de su vida interna y exterior.

Es la Reforma, por tanto, un proceso permanente de diálogo crítico, entre los diversos actores que la generan y promueven. De lo contrario se constituye en fórmulas que difieren conflictos internos, posponen el uso de la crítica superadora y adelantan el colapso de la universidad pública como referente crítico intelectual de la nación de cuyo corazón forma parte activa.

Una encrucijada cultural que desinstitucionaliza: la reforma es emancipadora o reproduce la lógica de la dominación y el mercado

Al abordar la cuestión de la Reforma Universitaria debemos hacer conciencia de que nos obligamos a producir un análisis y reflexión respecto de un mundo enteramente complejo que nos sirve de contexto y en el que “las normas sociales son simples vestimentas y el currículo oculto de la técnica es la disolución del sujeto que se propone celebrar con la llamada postmodernidad responder a los acontecimientos partiendo del reflejo de ponerse como muerto para sobrevivir y que actúa en función exclusiva de la prioridad; que se camufla frente a las complejidades de la realidad en un mundo de representaciones: Actores, Teatros y Máscaras”.

En esencia estamos no solo frente a la disyuntiva concreta entre reforma o mercado, sino en el marco de una “crisis civilizatoria”, que lo cuestiona todo y en la que cuestionamos las bases paradigmáticas del sistema que comporta la vida universitaria y en el que ese “currículo oculto de la técnica”, sólo esconde lo que estableció con mucha propiedad El Amauta José Carlos Mariátegui cuando dijo: “La razón ha extirpado del alma de la civilización burguesa los residuos de sus antiguos mitos. El hombre occidental ha colocado, durante algún tiempo, en el retablo de los dioses muertos, a la razón y a la ciencia. Pero ni la razón ni la ciencia pueden satisfacer toda la necesidad de infinito que hay en el hombre. La propia razón se ha encargado de demostrar a los hombres que ella no les basta. Que únicamente el mito posee la preciosa virtud de llenar su yo profundo” en el entendido de que “El mito mueve el hombre en la historia. Sin mito la existencia del hombre no tiene ningún sentido histórico… Solo han sido capaces de la victoria los pueblos capaces de un mito multitudinario”.

“Porque hoy, igual que ayer, pero en medio de una crisis de paradigmas y ante la quiebra teórica del pensamiento racionalista, de las herencias de la ilustración y el modernismo, la humanidad, inspirada en el ejemplo que sale de la memoria rescatada y reconformada, al influjo de nuevos y complejos actores y sujetos sociales y en el marco de una crisis integral, gigantescamente superior a las anteriores y que algunos han ubicado como ´crisis epocal´ o ´crisis civilizatoria´ en esta ´era global´, puede hacer posible la re-recreación de ese mito, dentro de esta ´sociedad de riesgo´, y re-construir ´ese mito multitudinario´, de historicidad realizada colectivamente, ahora que nuevamente se nos impone ´vivir peligrosamente´, ahora que resulta evidente como ´la propia razón se ha encargado de demostrar a los hombres que ella no les basta”.

El autor es profesor de la Escuela de Sociología de la UASD.

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