Viernes  19 de Enero de 2018 | Última actualización 07:39 AM
De libros, bibliotecas, niños, papas y tiranos
Por: JOSÉ DANILO DOMÍNGUEZ | 6:53 AM

Hace un momentos, mientras pensaba en el proverbio indú que señala que:

"un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado un alma que perdona, destruído un corazón que llora",
...
Me vino a la memoria lo que fuera la mayor contribución del cristianismo a la cultura universal: el incendio de la gran biblioteca de Alejandría en el año 415 de n.e. por un grupo fanatizado, piadosamente encabezado por San Cirilo, que consideraba pagana y producida por el demonio cualquier otra obra que no fuera la Biblia, y que para colmo de lo colmo, mostró su caridad y compasión religiosa, asesinando a su directora Hipatia, astrónoma, física y matemáticas, mujer tan notable, que en un mundo de hombres (por las tantas limitaciones a la mujer), alcanzó el puesto más elevado en la cultura de la época, que era dirigir ese centro de investigaciones y acopio de textos, por cuyos pasillos se paseaban figuras tan renombradas como Hiparco, Erastótenes, Euclides, Apolonio y Arquímedes.

Vale recordar que la biblioteca de Alejandría se encontraba en la ciudad del mismo nombre, fundada por Alejandro Magno en el año 300 a.n.e., y que esta ciudad con calles de 30 metros de ancho, tenía el célebre farro considerado como una de las siete maravillas del mundo antiguo.

La mencionada biblioteca se inspiraba en el ideal de reunir una colección de libro internacional, con obras griegas y traducciones al griego de obras escritas originalmente en otras lenguas del Mediterraneo, el Medio Oriente y la India.

Me hubiera gustado, tomando en cuenta la visita del Papa a América Latina (miembro activo de la juventud hitleriana), que en vez de condenar el Socialismo la iglesia que dirige pidiera perdón, no ya por la quema de la biblioteca de Alejandría, no la quema de Juana de Arco, no por la participación al lado del fascismo y el nazismo en el asesinato de comunistas y judios, no por amenazar la vida de Galileo Galilei sometiéndolo a la más bárbara tortura, y hacéndolo adjurar de sus ideas en cuanto al movimiento de nuestro planeta, sino por introducir en América la esclavitud, la trata de esclavos, y el asesinato de decenas de miles de personas que en nuestros países fueron asesinadas o encarcelas por la Inquisición, o porque la iglesia se constituyó en soporte de dictaduras perversas como la de Trujillo, Somoza, Pérez Jimenez y Pinochet.

Naturalmente no lo hará. Por el contrario, viene a asegurse que nadie, pero nadie, se atreva a tocar los intereses de la iglesia, entre los que se encuentran la existencia de sacerdotes pedófilos y violadores, y concordatos aberrantes.

De toda manera, pensando en los millones de niños que mueren en américa latina con los estómagos vacios mientras el ciñe una corona de oro, le doy la bienvenida al Papa con la frase romana con que los mártires saludan al tirano "Salved, César, los que van a morir te saludan".

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