Jueves  26 de Abril de 2018 | Última actualización 08:32 PM
La venganza de una esposa
Por: JOSÉ DANILO DOMÍNGUEZ | 5:27 PM

En una reunión de amigos del colegio, de la clase segundo B, del año del tanto al tanto, una joven hermosa, altiva, ensoñadora, se levanta de su asiento y dice:

- Como podrán ver yo estoy en esta reunión sentada a la mesa con mi amiga; y mi esposo, del que me encuentro separada, se encuentra en una mesa distinta sentado con el esposo de mi amiga. El motivo de esta situación son las constantes imputaciones que él me ha hecho, de que he tenido relaciones sexuales con todos Uds., tanto varones como hembras. No lo voy a negar. Probablemente es así. Pero quiero puntualizar algo en cuanto al motivo de mi actitud. He actuado de esa manera porque al casarme con él desconocía los problemas de su virilidad. A mi esposo no se le levanta el muerto ni con 30 pildoritas azules al día. Reconozco que como él dice yo soy una puta. Pero la causa de yo ser una puta es que él es un impotente.

Al escuchar esto, la amiga, quisquillosa, un tanto molesta, se levanta de su asiento y dice:

- Lo que está diciendo mi amiga en contra de su esposo es una calumnia, y me consta que no es así.

De su parte, el esposo de la amiga no quiso quedarse atrás y, rascándose la cabeza, en un gesto nervioso, propio de los que de lejos parecen y de cerca son, incentivado por las palabras de su compañera, no sin cierta emotividad, con voz casi melodiosa, como si cantara, se expresó de esta manera:

-Sí es una calumnia, a mi me consta también.

Y para no dejar dudas de que eran mentiras las imputaciones de la esposa contra el marido toda la clase de aquella reunión de amigos del segundo B, del año del tanto al tanto, se levantó en una cerrada ovación de apoyo a un hecho del que todos, varones y hembras, tenían constancia: la virilidad del marido.

La esposa, con pasos pausados, caminando a solas, como quien abandona el campo de batalla con la satisfacción del triunfo frente a un enemigo que la cree derrotada, desde la puerta de salida, echó una mirada atrás, como si se despidiera de todos, y luego sonrió sin decir nada.

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