Miercoles  22 de Octubre de 2014 | Última actualización 05:34 PM
Mis reflexiones del actual proceso electoral
Por: RAMÓN ANTONIO NEGRO VERAS | 2:43 PM

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III.- Debilidades que dañan la política decente.

El político mediocre, el portador de la mediocridad es el ejemplo que exhibe ante la sociedad el politiquero carente de talento, intelecto, ingenio, capacidad y lucidez, y que se contenta, como un loro mal amaestrado y peor adiestrado, con repetir todas las sandeces, necedades, imbecilidades y disparates que anida en su limitado cerebro.

El politiquero estúpido, ante la dificultad o imposibilidad de lograr que sus ideas penetren sin atropellar la conciencia de sus conciudadanos, con tonterías, boberías y cuantas cosas insignificantes puedan estar en su desguarnecido cerebro, se contenta con comportarse como bufón bromista, un chistoso de mal gusto.

Una vez se domina la política por medio de un método adecuado, utilizado para ser aplicado a la realidad social, al análisis de los fenómenos sociales, el accionar político se enriquece y llega con más facilidad a las masas populares el mensaje con el cual se procura la orientación correcta.

La política desarrollada en base a la consigna hueca, sin sentido ni contenido, crea confusión, estimula el desorden, motiva la angustia, aniquila la iniciativa creadora del pueblo y termina no aportando nada al avance, a la edificación de los sectores y clases sociales que se busca edificar para su propia liberación.

El politiquero subestima la capacidad, la inteligencia de los electores y electoras; más que políticos, lucen como trastornados mentales aquellos que hacen labor politiquera electoral moviéndose por esas calles de Dios acompañados de comberos que solamente saben difundir vulgaridades, groserías, banalidades y simplezas.

Resulta un contrasentido que en la actual coyuntura histórica, cuando el país cuenta con los intelectuales más brillantes, los profesionales de las distintas áreas más preparados, los hombres y mujeres con más talento, ingenio, agudeza y sagacidad, entonces parece ser que los politiqueros se han creído que la sociedad dominicana de hoy está integrada por tarados, por ciudadanos dominados por la imbecilidad y la torpeza.

IV.- LA ORIENTACION POLITICA CORRECTA

La certera orientación política e ideológica hace posible que los mejores hombres y mujeres del pueblo hagan suyo un programa de reivindicaciones sociales y económicas; la edificación hace avanzar el proceso democrático por caminos correctos, ciertos y con posibilidades de éxitos, con menos sacrificios para los que en cada país son los más y requieren de cambios firmes en la base económica y de las añejas estructuras ya convertidas en retranca para el progreso.

El mensaje liberador le llega a los destinatarios con más facilidad de comprensión cuando quien lo envía lo expone con claridad, ajustado a la realidad social de la nación, sin ruido, bullicio, estridencia, discordancia, ni el rechinamiento que en todo el curso de nuestros procesos electorales amarga la vida a la gente de bien, para los cuales la campaña se convierte en una verdadera pesadilla, en una locura colectiva.

Nuestro pueblo no aspira a recibir mensajes elaborados para ser aceptados como buenos y válidos, que una vez examinados se evidencia que son regalos ideológicos envenenados, diseñados para que sirvan como anestesia para tranquilizar, atontar, adormecer a los que luego se convierten en víctimas de las maquinaciones, tramas, intrigas, confabulaciones y conjuras, obra de los mismos políticos de pacotilla que tanto daño han causado al país con sus perversidades.

Algunos equivocados sen han formado la falsa de que las grandes mayorías nacionales, siempre van a ser víctimas de las maquinaciones políticas de sus enemigos, pero no es así. Todos los pueblos pasan períodos de altas y bajas, de avances y retrocesos, para finalmente alcanzar los objetivos positivos perseguidos.

En el caso específico del pueblo dominicano hay un proceso trunco desde la desaparición física de Trujillo, hasta ahora, que para romperlo se tiene que dar una batalla en la cual el verdadero pueblo se haga, con su triunfo, dueño definitivo para siempre de su destino. No olvidemos que en la lucha política y social, los pueblos condensan veinte (20) años en un (1) día, lo que se traduce diciendo que el yugo que los dominicanos y dominicanas no han roto en más de cincuenta y cinco años, pueden hacerlo añicos en pocas horas.

La receptividad del pueblo dominicano, su vocación democrática, su sentido de civismo, debe ser coronado con el proceder limpio, decente y de altura de aquellos que aspiran, desde los órganos e instituciones del Estado, a convertirse en sus fieles intérpretes.

La palabrería, el insulto y la grosería en nada hacen sentir bien ni llenan en estos momentos las expectativas de los dominicanos y dominicanas.

Los electores y electoras hace mucho tiempo han demostrado estar preparados para escuchar propuestas, promesas, proyectos electorales resultantes de programas que recojan puntos importantes de las necesidades más imperiosas, urgentes, aquellas que imponen soluciones inmediatas en el orden social, político e institucional.

La realidad dominicana nos enseña que hace muchos años que las masas populares están por encima del comportamiento de la generalidad de los que dicen y creen ser sus líderes. El conductor, el guía político no es aquel que busca cautivar el sentir del pueblo por medio del lenguaje soez, fuera de tono, y sin sentido ni contenido, sino el que sabe elevarse, colocarse a la altura que demandan las circunstancias, aplicando en cada caso y coyuntura el método de lucha adecuado, y que el pueblo, sin mayores sacrificios puede aceptar y ejecutar, para lograr lo que persigue.

Están totalmente equivocados aquellos que se definen como líderes políticos, y no son más que vulgares mercaderes del accionar político.

No es lo mismo incidir en la política para ganar el voto en el proceso electoral por medio de dádivas, obsequios, agasajos, sobornos y donaciones materiales de toda índole, que ganarse la confianza, la voluntad y el respeto por medio de la buena conducta, la prédica certera y oportuna, por llevar a la conciencia de los hombres y mujeres del pueblo un mensaje liberador y confiable. El cariño y respeto sembrado con ideas, perdura; la simpatía coyuntural que se gana con el regalo de cosas materiales, crea respaldo de ocasión.

V.- EL PUEBLO Y LA PARTE FEA Y BONITA DE LA POLITICA. SUS ALTERNATIVAS. SU DECISION.

La participación en la política tiene sus puntos claros y oscuros, y nuestro pueblo ha sido testigo viviente de esa verdad porque ha tenido que vivir en forma directa y cruda, durante más de cincuenta años, la parte fea de la política, aquella que pone en práctica quienes subestiman a lo mejor del país ejecutando politiquería de orilla, de baja estofa, propia de cafres, de truhanes de todos los calibres, que han recurrido a la truculencia, actuando como verdaderos tremebundos.

El pueblo también ha vivido el lado bonito del accionar político, motivado por el dirigente serio que hace sentir bien al pueblo con el mensaje transmitido y recibido con agrado, con alegría y que genera convicciones de honradez, honestidad, lealtad y nobleza, entrega e hidalguía. Esto es lo que los hombres y mujeres de bien del país buscan y quieren sentir de la política; lo lindo, lo agraciado, en si, la parte humana de aquel que se inserta en la lucha social para bien, no para hacer el mal ni para hacer vida fácil apoyándose en la denigración de los de abajo, de los que sufren espiritual y materialmente.

Los enemigos tradicionales del pueblo dominicano no deben confundir la situación de hoy, caracterizada por la negación de una vida digna a las masas, como aceptación permanente de conformismo, resignación, docilidad, entrega y sumisión incondicional a los que han utilizado el poder del Estado sin otra limitación que su propia voluntad.

Aquí, aunque algunos pretendan desconocerlo, se están acumulando injusticias de toda índole que van a desembocar en una confrontación no buscada ni querida por el pueblo, sino que lo están impulsando a ella por las acciones políticas, económicas y sociales en su contra.

Los pueblos se interesan por alcanzar las conquistas, resolver sus problemas cardinales por la vía pacífica, sin recurrir a métodos violentos, pero raras veces ocurre así.

Las acciones de fuerza las generan los grupos sociales que se convierten en retranca de los cambios, dejándoles a las masas desposeídas dos posibilidades: aceptar tranquilamente, con resignación su opresión, o luchar por todas las vías por su liberación.

No le queda otra alternativa a los de abajo que sacudirse, motorizar las transformaciones que la sociedad demanda desde hace años y años, y que han sido postergadas sin justificación valedera alguna.

No se detienen los procesos sociales por represión impuesta desde arriba, ni por mucha miseria que sufran las masas desposeídas. La rueda de la historia de la humanidad la han empujado siempre los que en cada país son los más.

VI.- A MANERA DE CONCLUSIONES

Existe diferencia entre los fenómenos sociales y los naturales. Es posible predecir cuándo el país va a ser afectado por un ciclón, pero es imposible saber el día que aquí va a producir un fenómeno de naturaleza social que permita cambiar por completo toda la base económica sobre la cual descansa el ordenamiento social vigente.

Si la política fuera una rifa, pudiéramos saber el día preciso que el pueblo dominicano se va a liberar de tantas y tantas injusticias, de tantos y tantos procesos electorales burlones, de tantos y tantos politiqueros negociantes de la politiquería.

El día preciso no lo sabemos, pero de que llegará de eso no nos cabe la menor duda, como tampoco se pone en discusión que después de la mañana viene la tarde.

Aspiramos a que el nuevo amanecer del pueblo dominicano llegue en forma pacífica, lo menos doloroso posible, con el menor sacrificio.

Lamentablemente, la disyuntiva de que el desenlace sea violento o pacífico no depende de las grandes mayorías nacionales, sino de la inteligencia o testarudez de los que son los menos, pero controlan el poder político, económico y social del país.

El próximo día 20 de mayo el que esté dispuesto a votar que lo haga con mucho gusto, es su derecho; el que no quiere hacerlo, también se le respeta su negativa. Pero que nadie se confunda, unas son las elecciones, y otras, muy distintas, las votaciones.

El que crea que ha sido testigo de un proceso digno de elecciones libres, que le vaya bonito. El que considere que no ha sido motivado ni edificado por ninguno de los candidatos, que se quede como simple testigo de la presente coyuntura electoral.

FUENTES DE CITAS:

(1) La Información. 19 de mayo de 1979.
(2) El Nacional. 20 de noviembre de 1980.
(3) Listín Diario. 8 de enero de 1988.
(4) Libro: “Todas Las Posibilidades”. De la autoría de Freddy Aguasvivas. Primera edición. Capítulo XXVII. Página No.365.

Santiago de los Caballeros, 11 de mayo de 2012.