Martes  23 de Enero de 2018 | Última actualización 07:05 PM
Juan Pablo Duarte y la Independencia Nacional
Por: RAFAEL E. CAAMAÑO C. | 1:48 PM

En el año que discurre, se cumplen los 189 años del nacimiento del Patricio Juan Pablo Duarte y los 168 de la Independencia de la República.

Esta entidad jurídica colectiva nuestra, fue el resultado de los constantes desvelos del fundador de la nacionalidad dominicana, en mancomunión con trinitarios y febreristas.

Así quedó establecido y ratificado en la Constitución del 6 de Noviembre del 1844, que establece en su artículo dos de nuestra Ley fundamental que declara LA SOBERANIA NACIONAL CORRESPONDE AL PUEBLO, DE QUIÉN EMANA TODOS LOS PODERES DEL ESTADO Y LOS CUALES SE EJERCEN POR REPRESENTACION.

Por idénticas razones el artículo cuatro dispone QUE EL GOBIERNO DE LA
NACIÓN ES ESENCIALMENTE CIVÍL, REPUBLICANO, DEMOCRÁTICO Y REPRESENTATIVO.

Es también un canon constitucional, el período de cuatro años de ejercicio de los representantes de la soberanía popular, elegidos en unas elecciones libres y democráticas.

Estos preceptos de soberanía popular, delegadas y en periodicidad de las funciones de gobierno son típicas en todas las Repúblicas presidencialistas, en todo régimen gubernamental republicano y democrático. Preceptos esenciales sin los cuales una nación no sería propiamente una república.

Es válido suponer que los componentes de una colectividad política, conocen el arte de llevar una vida republicana y democrática y acatan normalmente los cánones citados.
Y todavía más válido presumir, que si una república tiene 168 años de fundada, los ciudadanos que la integran son veteranos en ese mismo arte.

Sin embargo, estas presunciones, tan lógicamente bien fundadas, se derrumban si observamos la realidad histórico-política dominicana. La verdad es que los dominicanos, a pesar de la Constitución, no hemos aprendido el arte de conducir una vida republicana y democrática en forma regular y pacífica., con el ritmo legalmente predispuesto. Hemos pasado de crisis en crisis, de conmoción en conmoción, cuando no oprimidos bajo las botas de un tirano.

Basta con que en régimen de libertades se aproxime la fecha de las elecciones generales, para que llenos de temor patriótico veamos ceñirse negros y amenazadores nubarrones en el horizonte de la Nación.

Esta situación no se justifica ya y debemos superarlas.

Tenemos un maestro insuperable. El propio fundador de la República. Su doctrina, sus ejemplos vivos son la mejor lección, el mejor estímulo y la mejor inspiración para llevar a cabo nuestra educación republicana y democrática.

Todos los actos de su vida revelan que fue medularmente un demócrata, que respetó e hizo respetar la institucionalidad; que acató las leyes y la autoridad constituida; que no quiso ni supo valerse de la violencia, del odio y del engaño, sino de los medios más legales y civilizados en el debate público; que prefirió la renuncia y el sacrificio antes que promover una conflagración o la discordia civil.

Tuvo y vivió la política, según sus propias palabras, como la ciencia más pura después de la filosofía y la más digna de ocupar las inteligencias nobles. La política, dijo textualmente, no es una especulación. Sintetizando de esta forma toda su aversión a las formas negativas del quehacer político.

La política no es un negocio y su aplicación debe estar dirigida en la consecución del bienestar colectivo.

Quién se sienta movido por intereses, ambiciones y odios, que no sea político, por que no es digno de serlo. Sólo debe serlo quién se identifique de corazón con el hambre y la sed de justicia de sus conciudadanos; quién se ciña a las reglas de la convivencia pacífica; quién disponga de serenidad, ecuanimidad y buen juicio en los debates por un mejor país.

A las elecciones se va ha perder o ganar. Transcurridas éstas, la prudencia dicta acatar la decisión tomada por las mayorías. No a ‘incidentar’ la paz ciudadana, ni a general conflictos por razones de intereses o frustradas apetencias personales.

La sensatez debe primar, es hora de apaciguar emociones incontroladas.

Demos pasos a la armonía y al reconocimiento de quienes por decisión Libérrima del pueblo dominicano, ocuparan el Palacio Nacional por cuatro años y en cuyas decisiones ciframos los buenos dominicanos la esperanza de un mejor país.

Pongamos frenos a la imprudencia, ha las convocatorias imponderadas, al desenfreno a las locuras.

Danilo Medina y Margarita Cedeño de Fernández escogió el Pueblo y el Pueblo siempre tiene la Razón.

Es hora de trabajar. Hagamos nuestra las letras de Don Manuel Emilio Jiménez.

A LAS CLASES QUE YA ES HORA, DE EMPEZAR NUESTRA LABOR, ESTAN HACIENDO LAS SUYAS, LAS AVEJAS EN LA FLOR…

(function(i,s,o,g,r,a,m){i['GoogleAnalyticsObject']=r;i[r]=i[r]||function(){ (i[r].q=i[r].q||[]).push(arguments)},i[r].l=1*new Date();a=s.createElement(o), m=s.getElementsByTagName(o)[0];a.async=1;a.src=g;m.parentNode.insertBefore(a,m) })(window,document,'script','//www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-25417938-8', 'barrigaverde.net'); ga('send', 'pageview'); */?>