Lunes  16 de Julio de 2018 | Última actualización 09:10 PM
Taza de café
Por: JOSÉ DANILO DOMÍNGUEZ | 9:54 PM

Dedicado a Anulfo Mateo

Con la prisa de quien no quiere llegar me dirigí a la casa de un amigo al que le había aceptado la invitación a tomar una taza de café. Debo aclarar, sin embargo, que si estoy correctamente informado, ni él ni yo hemos probado nunca un sorbo de café. Al encontrarme frente a su casa fui informado de que él había acudido a la mía atendiendo a una invitación similar que yo le había hecho a tomar una taza de café. Mi amigo y yo no nos encontramos en el camino, aunque en este momento yo me dirijo a mi casa y probablemente él se dirige a la suya. No por obligada cortesía es casi seguro que en los próximos días mi amigo y yo volvamos a invitarnos a tomar una taza de café. Lo cierto es que en este momento, estamos más preocupados en atender las exigencias de la formalidad que nos obliga a las respectivas excusas por no haberle dado cumplimiento a nuestras respectivas citas. Mi ama de llave, una señora inefable y generalmente infalible, frente a mis fracasados intentos de comunicación con mi amigo, me solicitó el teléfono para llamarlo. Después, con esa ironía que le es propia, como cuando se pisa un territorio desconocido, me dijo: -“Ciertamente es cuestión de normas, y siempre es bueno ser amables, pero estoy considerando su amabilidad como excesiva, ¿no se da cuenta que Ud. ha estado llamando a su propio teléfono?

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