Miercoles  26 de Noviembre de 2014 | Última actualización 11:43 AM
Los cambios democráticos en Latinoamérica
Por: MANUEL E. YEPE | 6:44 PM

Es inusual encontrar en una publicación de la llamada gran prensa o “mainstream media” de Estados Unidos un artículo con visos de objetividad sobre Venezuela. De ahí que llame mucho la atención un trabajo publicado en días recientes en el New York Times titulado “Porqué fue relecto Chávez” (Why Chavez Was Re-elected) del economista y politólogo Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Washington y presidente del grupo Política Exterior Justa.

Reconoce Weisbrot que “para la mayoría de las personas que han oído o leído en medios internacionales sobre Hugo Chávez, su relección por margen convincente como presidente de Venezuela resultó desconcertante”.

Todo lo que el ciudadano medio estadounidense oye o lee sobre él es malo: “busca peleas con Estados Unidos y se pone de parte del “enemigo”, como Irán; es un dictador o un hombre fuerte que ha despilfarrado las riquezas petroleras de la nación; la economía venezolana está plagada de escaseces y siempre está al borde del colapso”.

Pero enseguida Weisbrot descubre las razones por las que la mayoría de los venezolanos reeligieron a su presidente: “Desde que el gobierno de Chávez asumió el control de la industria petrolera nacional, la pobreza se ha reducido un 50% y la extrema pobreza un 70%. Las universidades han doblado sus matrículas, millones de personas han adquirido por vez primera acceso a la atención de salud y el número de personas con derecho a recibir pensiones se ha cuadruplicado”.

A continuación Weisbrot hace notar que esta situación no es privativa de Venezuela, “es lo ocurrido con todos los gobiernos izquierdistas que ahora gobiernan en la mayor parte de América del Sur pese a que ellos, al igual que Chávez, tienen la mayor parte de los medios de sus países en contra y la oposición posee la mayoría de las riquezas y los ingresos en sus respectivos países”.

Weisbrot recuerda que Rafael Correa fue relecto presidente del Ecuador en 2009; Luiz Ignacio Lula da Silva, de Brasil, lo fue en 2006 y luego hizo campaña por la ahora Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff; Evo Morales, primer presidente indígena de Bolivia, fue relecto en 2009; José Mujica, de la misma alianza política que su predecesor, fue electo en 2009; Cristina Fernández sucedió a su desaparecido esposo, Néstor Kirchner, ganando en 2011 la presidencia de Argentina por un sólido margen.

“Estos líderes izquierdistas y sus partidos políticos ganaron sus respectivas reelecciones, como Chávez, porque lograron mejoras en los niveles de vida de sus pueblos. Todos hicieron campañas contra el neoliberalismo, término usado para describir las políticas seguidas en los últimos 20 años en Latinoamérica, cuando ésta sufrió su peor registro de desarrollo económico en más de un siglo”.

No sorprende – dice Weisbrot- que los líderes izquierdistas hayan visto a Venezuela como parte de un equipo que ha traído más democracia, soberanía nacional y progreso económico y social a la región.

“Fue en torno al tema de la democracia que Suramérica se unió contra Washington cuando el golpe militar en Honduras de 2009. Las diferencias fueron tan pronunciadas que llevaron a la formación de una nueva organización hemisférica – la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC) –, excluyente de Estados Unidos y Canadá, como alternativa para la Organización de Estados Americanos dominada por Estados Unidos”, recuerda el autor.

Weisbrot cita palabras de Lula el mes pasado sobre las elecciones venezolanas: “Una victoria de Chávez no será solo una victoria para Venezuela sino una victoria para todos los pueblos de América Latina… esta victoria constituirá un nuevo golpe al imperialismo.”

Advierte que la administración de George W. Bush siguió la estrategia de tratar de aislar de sus vecinos, y acabó aislándose a sí misma.

Ahora el presidente Obama ha continuado con esa política y en la Cumbre de las Américas de 2012 celebrada en Colombia quedó tan solitario como su predecesor.

Observa que el bloqueo económico contra Cuba ha persistido por más de medio siglo, pese a su obvia estupidez y su fracaso. Lo compara con la hostilidad de EEUU contra Venezuela que, aunque tiene solo unos doce años, no muestra signos de estar siendo objeto de reconsideración, pese a la evidencia de que le está alienando el resto del hemisferio.

“La única pregunta que cabe hacerse es cuándo —si alguna vez— Washington aceptará los resultados de cambios democráticos en la región”, concluye Weisbrot en el New York Times.