Miercoles  18 de Julio de 2018 | Última actualización 07:51 PM
El restaurant Camp Davis
Por: ELÍAS Y. BORTOKÁN B. | 7:39 PM

Una de las vacaciones más interesantes que tuve jamás fue aquella en que visite a mi hermano cuando hacía un trabajo en Villa González. Me acompañó mi amigo Frank Méndez.

Cuando íbamos en la carretera de Santo Domingo a Santiago tuve un percance al volante; al notar que perdía el control del auto maniobré la guía de una forma compensatoria y logré estacionarme a tiempo, un neumático se comiá a sí mismo. Frank y yo logramos cambiar el neumático y seguir la travesía.

En Villa González mi hermano y su amigo Pinales nos consiguieron un alojamiento en una cama simple donde Frank y yo no pudimos dormir cómodamente, siendo ambos bastante corpulentos eso era de esperarse.

Pero luego logramos hablar con el jefe del proyecto donde estaban instalados mi hermano y su amigo Pinales y nos consiguió un alojamiento en las instalaciones del lugar, mucho más holgado.

Allí tuve que soportar las ocurrencias de mi hermano y su amigo Pinales, ambos menores que yo. Aunque no puedo negar que la pasamos muy bien. Lo mejor de la aventura fue conocer a sus amigas Dora y Fátima, y al restaurant Camp Davis.

Dora era una chica francesa que se había enamorado de mi hermano y Fátima una dominicana que estaba perdida por Pinales, ambos datos pude deducirlos en base a mis observaciones en el restaurant Camp Davis.
Un día por la noche decidimos salir a cenar: mi hermano, Pinales, otro joven del grupo, las chicas Dora y Fátima, Frank y yo. Ibamos en dos autos, yo conducía uno y mi hermano el segundo.

Cuando estábamos en medio de la ciudad de Santiago se empezó a opinar de adonde debíamos ir a cenar, las chicas iban conmigo y con Frank y mencionaron el restaurant Camp Davis. Surgieron varias ideas, hasta nos detuvimos a conversar, sin embargo al final se impuso la idea de las chicas de ir al restaurant Camp Davis.

Entonces surgió el asunto de la ruta para llegar al restaurant. Las chicas dijeron que no sabían llegar y hubo que empezar a preguntar, resultó que el restaurant Camp Davis quedaba muy retirado de la ciudad. Mientras yo avanzaba en el camino tuve que detenerme muchas veces a preguntar y me encontré la travesía muy larga. Pero realmente valió la pena.

El Restaurant Camp Davis es un sitio muy interesante en el alto de una montaña. Desde allí se puede ver la ciudad a lo lejos. Además tienen una colección de automóviles que fueron propiedad del dictador Rafael L. Trujillo y de su hijo Ramfis.

Todo el mundo pidió a su gusto y la pasamos genial. Aunque yo tuve que pagar toda la cuenta, como supuse desde un principio.

Meses más tarde Pinales me comentó que las chicas hacían eso con todos los amigos que llegaban a Villa González, los hacían ir a Camp Davis y se hacían la que solo fueron en una sola ocasión anterior y que por ende no sabían llegar allí. Sin embargo tuvieron un problema la última vez que lo hicieron con dos jóvenes que no se portaron tan bien.

El auto se averió camino a la montaña y todos fueron atracados por unos delincuentes y las chicas fueron violadas. Esa fue la última vez que fueron a Camp Davis.

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