Martes  23 de Enero de 2018 | Última actualización 07:05 PM
Jesús entre nosotros
Por: BIENVENIDO MATOS PÉREZ | 7:20 PM

Una parte importante del mundo celebra durante estos días la muerte y resurrección de Jesús, y aunque la celebración tiene formas y matices distintos el mundo de habla hispana tendrá durante estas semanas diferentes razones y motivos para olvidar sus problemas, sus necesidades y sus miserias en la celebración de la que muchos llaman la Semana Mayor.

Es posible que desde el domingo de ramos, hasta el domingo de resurrección la palabra crisis desaparezca del diario vivir para disfrutar hasta la saciedad de una forma alocada, consumista y sin ningún sentido de una efemérides que ha sido desnaturalizada, malograda, desvirtuada en su esencia, en su esplendor y en toda la significación que esta entraña.

Recuerdos me empapan la memoria al grado de hacerse gratos en mi existencia cuando la semana mayor era sinónimo de recogimiento, de meditación, resultaban pequeñas nuestras iglesias para dar paso a celebraciones muy a tono con las actividades de la Semana Santa.

Desde temprano las congregaciones se preparaban para recibir las bendiciones, la presencia de gentes era enorme, las misas y procesiones de fe eran grandiosas y los días se convertían en verdaderos espacios para la meditación, para la rehabilitación espiritual, la gran semana en la que se recordaba el sacrificio de Cristo, su muerte, su crucifixión, era una fecha para relanzar nuestra relación con Dios, todo era silencio, meditación, hasta que un día como un aluvión, como un terremoto algo así como un tsunami entró a nuestra cultura, todo este maleficio desordenando la celebración de la semana mayor.

Por eso al recordar los tiempos de mi niñez me lleno de recuerdos de esta fiesta de la semana santa y de aquellos momentos estelares que dieron vigor a mi fe y a mi creencia cristiana, los recuerdo por que al recordarlos puedo aferrarme a la única manera que tenemos de detener el tiempo y las cosas que recuerdo son casi las mismas que la humanidad de hoy ha olvidado.

Recuerdo los momentos de gloria de Jesús cuando contento lleno de gozo entro a Jerusalén triunfante en la jornada que la familia cristiana conoce como el domingo de ramos, ver a Jesús entrar a Jerusalén montado en un pollino seguido de una multitud que le gritaba ¡Hosanna Hosanna vendito el que viene en nombre de Dios! Y tendían sus mantas en el camino, cortaban ramos de los árboles y los tendían a su paso, allí estaba Jesús amado por sus gentes que lo mimaban y lo reconocían con la emoción dibujada en sus labios como a Jesús el profeta de Nazaret de Galilea, Jesús debió sentirse alegre con las muestras de amor, de cariño espontaneo que le prodigó su pueblo que le apreció admirable, Dios fuerte, padre eterno príncipe de paz.

Recuerdo de toda la jornada que tuvo que cumplir el Maestro que esa misma multitud que le aplaudió como a un rey lo despreció como a un delincuente ¡a quien quieren que suelten a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo!

Recuerdo que previo a su crucifixión, golpeado, humillado, burlado, hallaron a un hombre de sirene que se llamaba Simón y lo obligaron a llevar la cruz, con este gesto Simón el sirenita paso a la historia como el hombre que ayudó a Dios, no se conoce otro personaje que en un momento de dificultad e infortunio haya ayudado a Dios que lo puede todo, Simón estaba en los planes del altísimo que debía cumplir esta hermosa misión, aunque los evangelios dicen que lo obligaron he oído de conocedores de las sagradas escrituras que este Simón de sirene era un seguidor de Cristo que siguió con prudencia los acontecimientos que sucedieron en torno al salvador del mundo, este pasaje es hermoso, admirable por que nos enseña que todo cuanto Jesús enseñó y practicó sobre la solidaridad son cosas que agradan a Dios.

En todo el trayecto que llevó a Jesús hacia la muerte en la cruz, hay cosas dignas de recordar, cuando era ofendido, malogrado y vituperado no abrió su boca para maldecir, -¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!, esta palabra una de las siete que expresara en su martirio hablan de su espiritualidad, de la grandeza de su amor y de la profundidad de la obra que en el cumplió su padre, tomó el pecado de la humanidad lo llevó al calvario, pagó la pena y venció la muerte, aquel que fue absolutamente sin pecados, llevó las culpas de nuestro pecado, asumió el sacrificio para que por el halláramos perdón, su resurrección fue la prueba de que el pecado había quedado derrotado.

Todo el camino que transitço Jesús en la tierra es un hermoso gesto de hermandad, de amor que no tienen comparación ni igual con ningún otro, con ninguna acción del hombre, ni antes ni después, desde que el mundo es mundo el sacrificio de Cristo es una fuente eterna que debe ser recordada con la veneración y el arrepentimiento que este merece, toda su ruta está marcada por la más sublime demostración de las cosas que Dios puede hacer por nosotros, de que nos ama con amor entrañable y de que sus brazos todavía están abiertos para todos.

Celebremos, pues, esta semana que sólo es santa por que en ella se cumplió a cabalidad la voluntad del Dios altísimo, de tender un puente de salvación para que por Cristo hallemos perdón de pecados, Cristo Jesús es nuestro mejor ejemplo, aspirar a ser como él es ser el modelo a que todos debemos mirar para cumplir en nosotros su palabra.

El autor es abogado y poeta.

Bienvenido, concuerdo con tus recuerdos. Los valores familiares hoy en día se han ido por la vía de la letrina. La semana santa ya no es tiempo de reflexión. Es tiempo de bebedera, gozadera y todo lo que terminan en "dera". Recuerdo que desde el jueves santo a las doce del medio día, todas las actividades llegaban a un pare como por arte de magia. No había tantas muertes innecesarias por los accidentes. El pueblo recogido en sus casas. El viernes santo dejabas caer un alfiler al piso y se escuchaba en toda la capital. Un silencio absoluto. Mi penitencia del viernes santo es ayuno de no beber ni comer desde las 12:01 am hasta las 6:00 pm.

VIORCA , Englewood, Nueva Jersey.
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