Viernes  20 de Julio de 2018 | Última actualización 11:11 AM
¿Cuándo nos tocará la ola?
Por: NARCISO ISA CONDE | 8:44 AM

Creo importante reflexionar sobre el curso y destino de la ola de cambios que tiene lugar en nuestra América, a consecuencia de la creciente determinación de los pueblos por cambiar la dominación existente, para no seguir viviendo tan mal como hasta ahora.

Esta determinación ha estado acompañada en no pocos casos de diversas formas de impugnación de estas “democracias” latino-caribeñas secuestradas por las elites sociales, por las altas partidocracias corrompidas y por el poder imperialista de EEUU; así como de los multi-facéticos combates contra la dramática exclusión política y social que sufren nuestros pueblos y contra el neoliberalismo como modalidad endurecida y cruel del capitalismo de finales del siglo XX y principio del siglo XXI.

En una parte de los países del continente la resistencia social contra el empobrecimiento pasó a la ofensiva, hasta colocarse a la vanguardia de la lucha contra los efectos de la globalización neoliberal. Y esa ofensiva a su vez comenzó a generar crisis de gobernabilidad y desplazamientos de una parte de los gobiernos comprometidos con la derecha social y con los halcones de Washington. El anhelo y el protagonismo de los pueblos desató entonces energías capaces de deponer presidentes fuera de elecciones, así como de imponer nuevos gobernantes por la vía electoral.

El arco iris de los gobiernos resultantes del desgaste y de las derrotas de las derechas tradicionales, si bien en su totalidad ha sido calificado como de izquierda, en verdad no todos sus componentes responden a esa cualidad e incluso una parte de ellos realmente están lejos de serlo.

Una franja tiene vocación revolucionaria, otra reformista y otra sencillamente administra con nuevo estilo, moderación y cierta independencia la herencia neoliberal; modulándola, acompañándola de políticas sociales de mayor cobertura, reintroduciendo limitadas iniciativas keynesianas y favoreciendo una integración menos subordinada.

Por eso es preciso diferenciar algo que es fundamental:

-Las diversas expresiones gubernamentales de esta ola de cambios con proclamada vocación revolucionaria (todavía no desplegada en profundidad), se caracterizan por su adhesión al antiimperialismo y al “socialismo del siglo XXI”, por su contenido anti-oligárquico y por su determinación de desmontar las instituciones del viejo Estado a través de nuevos poderes constituyentes.

-En los otros casos, con grados distintos de reformismo y/o medidas populistas, sus políticas se asientan en los viejos estados y las viejas relaciones con las clases gobernantes-dominantes.

En general la necesidad de los cambios y el empuje de los pueblos hacia transformaciones radicales van delante de la construcción de las fuerzas capaces de darle un sentido revolucionario a esa singular situación. Porque realmente en este periodo la crisis del capitalismo y de las “democracias representativas” existentes, ahora en vía de convertirse en crisis mayores, ha estado por encima de las capacidades de las fuerzas destinadas a superarla en el sentido de la revolución y del tránsito a un socialismo de nuevo tipo.

Nuestro país está entre los más rezagados, controlado políticamente por las derechas, atado al carro imperialista, bajo el voraz dominio de la oligarquía local y transnacional y las intenciones continuistas de Leonel Fernández y la cúpula del PLD..

¿Cuándo habrá de zafarse este pueblo de esa camisa de fuerza y cuándo llegará por aquí esa ola de cambios?

En verdad, esta necesidad ha tardado demasiado.

La crisis es grande y el descontento popular crece sin cesar. El Estado y sus administradores se descomponen cada vez más, sobreviviendo por la fuerza de la corruptela, del clientelismo mayor, así como por la ausencia de fuerzas alternativas: de una opción antineoliberal, antiimperialista, anti-partidocrática con fuerza competitiva.

La respuesta a esta preguntas, en consecuencia, se relaciona con el tiempo que dure conformar, a través de procesos unitarios, esa fuerza y esa opción: la de la nueva democracia camino al nuevo socialismo, o simplemente la realmente diferenciada y distinta a las fuerzas políticas dominantes.

Ese sigue siendo el grande safio del presente. Un desafío que cuestiona la pobreza en creatividad, firmeza y amplitud de miras que por años ha afectado a nuestro movimiento.

”Y en los días de aquellos reyes(los gobiernos dominantes) el Dios del cielo establecerá un reino(El Reino de Dios)que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos, y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos. Dan. 2:44

Raphael , Boston
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