Jueves  14 de Noviembre de 2019 | Última actualización 08:22 PM
Viajeros del tiempo
Por: JOSE DANILO DOMÍNGUEZ | 5:51 AM

La canción me sigue en la cabeza:

“Dónde estará mi amor/
hoy que me encuentro triste y abatido...”

El hombre, borracho, dando tumbos, con la botella de ron en la mano, se mueve como las marejadas: de aquí para allá; de allá para acá, recorriendo la calle, un tanto sombría, de extremo a extremo.

A lo lejos, el mar, golpeando contra los riscos y acantilados; torturando a golpes el rompe olas, amenazando con el salitre las edificaciones. Metiéndose por entre las grietas de techos y paredes.

Las notas suben y bajas, imprecisas, desordenadas, se mueven del tono agudo a grave, de grave a agudo, bajando y subiendo, subiendo y bajando,

igual que la marea; es una tonalidad indescifrable que por momento es media voz, luego, como un vehículo que toma fuerza, entre vaivenes que van de barítono a tenor, mostrando su desgano en el falsete, para cimbrarse en desafino, sin salirse nunca del pareado:

“Dónde estará mi amor/
hoy que me encuentro triste y abatido...”

Se sienta en el poste de luz frente a mi casa, y continúa su lamento que yo adopto como una serenata:

“Donde estará mi amor...“.

Es un lamento repetido. No puedo más, me rindo. Salgo a la acera, me siento a su lado, y le hago coro. Ahora cantamos los dos, como dicen, a dúo:

“Donde estará mi amor...”

Media hora después ya no somos dos, es todo el vecindario, es casi un coro universal:

“Donde estará mi amor/
hoy que me encuentro triste y abatido...”.

Es entonces cuando poniéndome una mano sobre el hombro, como si necesitara un punto de apoyo para lo que iba a decirme, colocándose un dedo sobre el labio en solicitud de silencio, me dijo estableciendo distancia con voz estropajosa:

-Amigo, Ud. y las gentes de por aquí como que son muy escandalosos. Mejor me voy a dormir, antes de que venga la policía, y nos lleve a todos presos.

Y se fue, se fue sumergido en las tinieblas de la noche, como el barco ebrio de Rimbaud.