Martes  23 de Enero de 2018 | Última actualización 07:05 PM
Mi Primera Misión
Por: ELÍAS BORTOKÁN | 6:22 PM

Me llamo Artur. Cuando tenía doce años de edad trabajaba con mi padre en una tienda de dulces. Así fue como pude ahorrar para adquirir mi primer telescopio.

Todos los fines de semana, visitaba la finca de mis abuelos y pasaba la noche explorando el cielo estrellado.

Nunca fui tan feliz como entonces. Como resultado de mis observaciones descubrí una estrella. Consultando todos los mapas estelares de la biblioteca de la ciudad me percaté de que era una estrella nunca antes identificada.

No sé cuál fue la conexión que me hizo sentir desde un principio que yo era la primera persona en descubrir esa estrella. La nombré Artur.

Imagínese lo que debe sentir un jovencito de doce años al tener su propia estrella.

Era una estrella azul-rojiza de variabilidad en el color. Un día aparecía de un rojo intenso y otro de un azul marino.

Desde entonces me obsesioné con la idea de viajar a mi estrella personal. Ingresé a la universidad a la carrera de física y astronomía.

Un día cuando cursaba los estudios estaba en el laboratorio de biofísica. Allí recibí una gran sorpresa. Apareció un ser luminoso con una cara sin ojos ni nariz ni boca. Me dijó: tú no eres humano, eres de Artur. Y yo he venido a buscarte.

Yo no quería que vinieran a buscarme. Solo quería viajar a Artur. Le dije: Yo no iré con usted. A lo que me replicó: Entonces nunca llegará a Artur.

El ser luminoso desapareció sin dejar rastros y me dejó abandonado para siempre en este planeta azul.

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