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Palabras de Roberto Cassá en la presentación del libro 'Revelaciones'
Por: ROBERTO CASSÁ | 9:15 PM

No es necesario hacer una presentación de Narciso Isa Conde, el autor de Revelaciones, el libro que hoy pone en conocimiento del público. De todas maneras, una ponderación sumaria de su persona resalta la significación de este libro. Él ha sido una figura del mayor relieve en las luchas revolucionarias de la República Dominicana que se iniciaron en las postrimerías de la tiranía de Trujillo. Recuerdo la aseveración de Asdrúbal Domínguez, uno de los más connotados dirigentes del Partido Comunista Dominicano por sus condiciones excepcionales, de que Isa Conde era el indispensable entre los cuadros dirigentes que emergieron en 1965 por su persistencia.

Como se señala en este libro, el Partido Socialista Popular pasó a adoptar nuevos lineamientos a partir de su participación en la Revolución de 1965 y de su cambio de nombre por el de Partido Comunista Dominicano, en una sesión ampliada del comité central celebrada en agosto de ese año. Uno de los aspectos de la nueva política radicó en la disposición para involucrarse en la lucha armada, como uno de los nervios de la acción partidaria. El PCD, empero, como se puede comprobar en los documentos emitidos en aquella época, no suscribió la generalidad de los postulados característicos de los restantes partidos definidos como marxistas leninistas. En general, las definiciones del PCD cumplían con los postulados teóricos relativos a que se llenaran requisitos en torno al sostén participativo del pueblo. De todas maneras, lo medular consistió en la perspectiva de que era factible pasar a la lucha armada después de la implantación de la contrarrevolución por parte de la invasión del gobierno de Estados Unidos.

Fue sobre esa base que el PCD concedió peso al coronel Francisco Alberto Caamaño en el futuro desarrollo de la lucha revolucionaria, habida cuenta de su papel vibrante al frente del Gobierno Constitucionalista, que lo hizo merecedor de un extraordinario liderazgo.

En su exilio en Londres, entre 1966 y 1967, como parte de su radicalización hacia posturas socialistas, el coronel Caamaño se fue identificando con la concepción que sostenía la dirigencia de la Revolución Cubana en torno a la lucha armada, sintetizada en lo que se ha denominado como foco guerrillero, que sintetizó el intelectual francés Régis Debray, en el libro Revolución en la revolución.

Esa evolución del coronel Caamaño facilitó que se hiciera posible para el PCD la apertura de relaciones, como uno de los aspectos cardinales de su propósito de un frente revolucionario, en que también tendría una participación de primer orden el profesor Juan Bosch, líder del Partido Revolucionario Dominicano, el principal medio de participación de las masas populares radicalizadas tras el 25 de septiembre de 1963 y el 24 de abril. El propósito radicaba en la conformación de un mecanismo unitario de dirección, de forma que se complementaran las competencias de las partes integrantes. Desde muy pronto el Movimiento 14 de Junio se desinteresó por formar parte de un instrumento de ese género, lo que era expresión de su autoconfianza en el trabajo insurreccional.

Este libro tiene por propósito ofrecer la consideración retrospectiva de las relaciones del PCD con el coronel de abril, en las cuales le correspondió al autor la participación clave, aunque por momentos incidieron algunos de sus compañeros, como Asdrúbal Domínguez, Manuel González González, Luis Gómez, José Israel Cuello y Carlos Dore. De manera parcial se aborda la etapa inicial de relaciones con Bosch, en función sobre todo de aclarar situaciones respecto a Caamaño.

Por lo antedicho, Revelaciones apunta a un objeto connotado de la historia política posterior a 1965, cuando se debatía álgidamente el dilema entre revolución y sistema. Adicionalmente, abona en el conocimiento de la trayectoria del coronel Caamaño, la figura que encarnó en sus mayores dimensiones la reivindicación por un cambio revolucionario. Hasta el presente quedan muchos puntos pendientes de aclaración en torno a las acciones de Caamaño desde su salida del país a inicios de 1966 hasta su muerte en febrero de 1973. De hecho se han abierto líneas de debates en torno a situaciones o materiales conocidos, como la carta de Amaury Germán Aristy, principal dirigente de la rama interna del proyecto de Caamaño, escrita hacia septiembre de 1971, escasos meses antes de su muerte heroica junto a tres de sus compañeros en enero de 1972. Ha sido igualmente motivo de controversias la naturaleza de las relaciones entre Caamaño y Bosch desde los meses finales de 1965.

Este libro tiene la propiedad de estar apoyado en documentos relativos al tema indicado. Casi todos los documentos contenidos Revelaciones eran desconocidos hasta ahora. Tienen la importancia de contribuir a ilustrar los términos de las relaciones entre Caamaño y la dirigencia del PCD y a visualizar de manera precisa las concepciones sustentadas por el héroe revolucionario de abril tras su salida forzosa del país.

Tal sustento documental se inicia a propósito del intercambio que sostuvieron Caamaño e Isa Conde en La Habana entre junio y julio de 1968, con vistas a la concertación de una acción unificada bajo la jefatura de Caamaño. Ambos expusieron con claridad sus posiciones, que terminaron siendo patentemente divergentes, con lo que se pospuso un acuerdo hasta que en un futuro se lograra un plano de coincidencias que lo permitiera. El libro incluye documentos emitidos más tarde, pero su significación está enmarcada en la señalada imposibilidad de un acuerdo a mediados de 1968. Esos textos pueden resumirse, a riesgo de cierta simplificación, en que Caamaño se proponía la apertura inmediata de la lucha guerrillera como cuestión fundamental. Para él existían las condiciones propicias, por lo que la acción en ese sentido respondería a la realidad objetiva y sería el único medio de avanzar hacia la victoria. En cambio, Isa Conde expresó consideraciones en cuanto a que existían posibles alternativas entre la lucha insurreccional urbana y la guerrillera. En cualquier caso, se hacía necesario, a ojos de Isa Conde, terminar de preparar las condiciones para una situación revolucionaria que viabilizase la etapa insurreccional. Creía que de la acción urbana se podría desprender una mayor factibilidad de la lucha armada en el campo. Estos conceptos fueron rebatidos por Caamaño con tales argumentos que ponían de relieve una visión muy clara acerca de la función preponderante de la lucha guerrillera en el proceso revolucionario. Para Caamaño, en forma categórica, las condiciones estaban creadas para el inicio de la lucha armada, que tendría que tener por escenario principal el campo a fin de evitar ser objeto de un cerco por parte de una previsible nueva invasión estadounidense.

En los intercambios recogidos en este libro se pone de relieve que Caamaño concedía el mayor peso a su capacidad de encarnar esa estrategia armada. Aunque suscribía la concertación de acuerdos unitarios, debían estar subordinados a la perspectiva estratégica esbozada por él. Esto puede ayudar a entender que no se interesara en lo sucesivo por entablar relaciones de consecuencias prácticas con el PCD o el PRD, y que optara por centrarse en fortalecer su propia opción, tanto en torno al “grupo estratégico” ubicado en Cuba como del ramal interior de los Comandos de la Resistencia. Revelacciones -obra de Narciso Isa Conde circulacion en Feria del Libro 02 de mayo de 2014.

En lo que respecta al PCD, Isa Conde registra un cambio de posiciones en la segunda mitad de 1970 a resultas del recrudecimiento de la represión, que en el momento se vio que tornaba imposible persistir en la perspectiva insurreccional inmediata. Aunque no está registrado en los documentos, es aceptable lo que plantea Isa Conde en el libro respecto a la transmisión a Caamaño de la consideración de que debía volver a la luz pública. Un elemento en ese sentido consiste en la percepción que tenía Isa Conde de que la dirigencia de la Revolución Cubana para entonces había disminuido el énfasis en el patrocinio del plan insurreccional de Caamaño. En adelante, asevera, el PCD dejó de tener intercambios con Caamaño alrededor de planes específicos, por lo que le tomó por sorpresa la expedición llegada a Caracoles.

Narciso Isa Conde aclara que con este libro únicamente se propone develar una parte de la verdad en cuanto a Caamaño en Cuba, por cuanto su relación con el proyecto caamañista se delimitó en torno a lo que recogen los documentos reproducidos. Personalmente, yo estoy convencido que Revelaciones responde con honestidad a la temática que aborda. El componente documental en que se fundamenta arroja escasos márgenes de duda, aunque, claro está, no significa que estén recogidas todas las visiones y expectativas que animaban tanto a Caamaño y sus compañeros como a los integrantes del Partido Comunista. A propósito de esto último, falta una síntesis suficientemente desarrollada de la historia del conjunto de la izquierda dominicana desde 1961. Uno de los capítulos de mayor relieve de amplio proceso se encuentra precisamente en el proyecto de Caamaño, que en definitiva marcaba el hito de una perspectiva insurreccional tangible, pese a la negativa de las organizaciones marxistas leninistas de relacionarse con el mismo, en aras de explorar un camino propio, como intentó hacer infructuosamente el Movimiento 14 de Junio en 1967, antes de su implosión al año siguiente.

Se desprende de lo anterior el requerimiento de que termine de reconstruirse el conjunto de circunstancias que antecedieron la gesta de Playa Caracoles en 1973. Algunas personas trabajan en esa dirección, aunque, como es natural, con orientaciones diferentes, entre las cuales destaco a Hamlet Hermann y Sagrada Bujosa, la última más bien centrada en los Comandos de la Resistencia, organización en la que tuvo una presencia relevante. Desde antes, algunos participantes del colectivo conformado en Cuba han dejado testimonios, como los contenidos en los libros de Melvin Mañón y Manuel Matos Moquete.

Debe estar en el tapete aprender del pasado como premisa indispensable para la reconstitución de una izquierda con capacidad de incidencia hegemónica en el escenario dominicano. En esta tarea sin duda resulta vital determinar cómo sucedieron los hechos. Pero más importante aún es someterlos a análisis y crítica como referentes para la acción presente y futura.

Para que este objetivo se cumpla resulta vital que los sectores y personas que tuvieron relación con los procesos den a la luz los documentos existentes, tal como hace Isa Conde. Y en la medida en que muchos aspectos no eran recogidos por documentos, en razón del marco clandestino de la lucha, debe acudirse al testimonio. Los poseedores de documentos o de informaciones acerca de eventos vividos o transmitidos por terceros tienen la oportunidad de ofrecer sus contribuciones a la tarea.

En lo que respecta a la etapa en que el coronel se transmutó en el comandante Román, no se podrá avanzar mucho hasta que su diario sea publicado, al igual que cualesquiera documentos relativos a sus actuaciones. Sería igualmente deseable, habida cuenta del tiempo transcurrido, que el gobierno de Cuba abra sus fondos documentales relativos a las relaciones con los revolucionarios dominicanos y en especial con Caamaño.

Me atrevo a aseverar el peso político que puede tener el esfuerzo colectivo de percepción del pasado de la izquierda dominicana para un replanteamiento de sus perspectivas a tono con la realidad del presente. Un movimiento adquiere consistencia en tanto que es capaz de analizar su propio pasado.

En esta labor están llamados a interactuar actores y estudiosos de los procesos. Asimismo deberán complementarse los relatos sustentados en protagonismos del pasado con los documentos emitidos entonces. Los retos incluyen la interdependencia entre la exposición orientada por el propósito de la verdad, siempre revolucionaria, con la capacidad de someter a análisis interpretativo lo sucedido. Está descartado caer en el morbo por el develamiento de lo prohibido o lo vergonzoso y sobre todo en la tentación de achacar a otros las causas de los fracasos.
En definitiva, subyace la pregunta de qué pasó, por qué el proyecto revolucionario no pudo coronarse con el triunfo y se consolidó la contrarrevolución. Difícilmente puede aceptarse que ese resultado fuese producto de una decisión particular, aun de los actores de mayor relieve, como Manuel Tavárez Justo, Francisco Caamaño y Juan Bosch. Habría que acudir a planos analíticos distintos, empezando por los efectos de una concepción acerca de la lucha armada ampliamente compartida por los jóvenes más activos de la izquierda organizada, lo que comenzó a asomar desde la segunda mitad de 1959. Esos paradigmas tienen que ser colocados en el escenario global de la realidad del país para que se esté en condiciones de arribar a explicaciones que contribuyan a un desempeño futuro en perspectiva que, en las condiciones del presente, actualice la vigencia de una política de izquierda.

Mientras tanto, es indispensable que las atribuciones de responsabilidad en desenlaces del pasado se compadezcan con una ética sustentada en la verdad. El fracaso del Movimiento 14 de Junio a partir de la adopción del camino insurreccional es producto de la elección de sus integrantes, en primer término sus dirigentes. Lo mismo es aplicable a la experiencia de Caamaño. El resultado de Playa Caracoles dependió de decisiones de sus participantes en un contexto desfavorable. Como bien asevera Isa Conde, no fue el producto de la traición o de la inconsecuencia de nadie aunque una y otra cosa pudieran estar presentes.

En este punto tiene la mayor relevancia la ponderación de la participación de la Revolución Cubana. Es bien conocido que el proyecto Caamaño dispuso del apoyo solidario de Cuba, aunque se dieron situaciones problemáticas en su desenvolvimiento. Pero de las mismas no puede desprenderse que Cuba fuera responsable de lo acontecido, al margen de evaluaciones que puedan hacerse en torno a la actuación del aparato especial de ese país. Hoy está suficientemente claro, y así se asevera en este libro, que la política de Cuba experimentó una variación en un momento indeterminado, que puede ubicarse alrededor de 1970. Evidentemente, la carta de Germán Aristy suscita interrogantes que deben ser objeto de consideración dentro de una tónica revolucionaria. Son los actores los que deben explicar lo sucedido, en primer término los compañeros de Caamaño, incluyendo los que rompieron con él, y los integrantes del aparato especial de Cuba. Mientras tanto, es patente que Caamaño optó por su camino al margen de las consideraciones que seguramente le transmitieron de alguna manera los responsables del aparato especial cubano. Resalta la rigidez con que el ya comandante Román mantuvo a toda costa su concepción, indicación de su sentido del honor y del compromiso con la lucha revolucionaria.

Muchas gracias,

SANTO DOMINGO,
2 mayo, 2014.

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