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Estrategia para transversalización del enfoque de género UASD
Por: FIDELINA DE LA ROSA (VIRTUDES) | 9:14 AM

Estrategias para la transversalización del enfoque de género en la UASD
Para derrotar la hegemónica de la cultura patriarcal.

(2 DE 5)

Es evidente que los Estudios de la Mujer no tienen como madre inicial y mucho menos única a la academia, sin embargo su inclusión en la vida universitaria, su institucionalización y reconocimiento oficial son un logro fundamental, por el cual las mujeres, especialmente las feministas han luchado en todas partes del mundo, pues sólo estableciéndose en el interior de las Universidades y demás instituciones de educación superior y logrando ingresar en todos los pensamientos de estudios, los Estudios de la Mujer alcanzarán el reconocimiento social total, y lograrán irradiar más amplia y sistemáticamente hacia todas las capas de nuestras sociedades (Comesaña, 1995).

La Universidad Autónoma de Santo Domingo en sus 471 años de fundada no puede presentar un sólo ejercicio de gobierno encabezado por una mujer. Igualmente acontece con la federación estudiantil y el gremio de trabajadores/as, a pesar de que en todos los casos las mujeres constituyen una mayoría. La única y esporádica experiencia diferente fue la dirección de La federación profesoral encabezada por una profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud.

Los puestos de dirección administrativa, por elección o designación, en la estructura universitaria, así como en los órganos transitorios, exhiben un cuadro de participación que no desmiente esta realidad de inequidad de género. Una excelente muestra y testimonio de ello es que la propia comisión que fue designada para conducir el proceso de reforma que se desarrolla en la primada de América no tiene una real presencia femenina.

Pensar la reforma necesaria al margen de una presencia efectiva y también dirigente del proceso, de la mujer, en una institución donde:

- la violencia y el acoso sexual son una constante contra las estudiantes, corrompidas y violentadas, mediante prácticas aberrantes basadas en el uso del poder de los maestros, ante la vista cómplice de autoridades que no se quieren dar por enteradas y a pesar de ser del conocimiento de toda la sociedad.

- de profesoras y empleadas, víctimas del juego del poder que dan los roles en la carrera administrativa o los puestos logrados mediante el clientelismo y el poder de las burocracias académicas, que se turnan en la conducción de la universidad.

Es un sesgo de injusticia que sólo crea las condiciones y las bases para que se repitan los esquemas, paradigmas y valores correspondientes a la realidad y la situación que nos estamos planteando superar y corregir.

La sociedad dominicana, las bases profesorales, estudiantiles y del sector trabajador de apoyo a la labor docente, y en especial las autoridades universitarias y la comisión ejecutiva del actual proceso de reforma, deben tener claro y hacer conciencia de que al proponerse el desarrollo de un proceso de Reformas Universitarias, en las condiciones antes descritas, obliga al conjunto de la familia universitaria y en particular a las mujeres, a plantear de forma explícita:

- un cuestionamiento profundo de ese modelo educativo vigente.
- a dimensionar el modelo de universidad que deseamos construir-reconstruir.

Se necesita hacer conciencia del tipo de práctica necesaria para, desde una definición clara de la universidad que queremos, proponer su superación desde parámetros socio-culturales, socio-políticos, académico-institucionales y ético-morales contrapuestos al modelo actual e insertos en la visión y la misión de la universidad como ente corporativo y crítico, (Peña, 2009).

En esa lógica y asumiendo que la universidad es un producto histórico-social, como entidad y como propuesta cultural, la reforma y la transformación universitaria tiene que realizarse, en relación y de cara a la sociedad. Tiene que asumirse como un proceso integral que desde una postura crítica nos vincule al momento histórico-cultural y tecnológico que vive la nación, de frente a cada uno de los sujetos colectivos que la componen, de los hombres y de las mujeres, de las personas adultas y de la juventud. (Peña, 2009).

La reforma debe implicar una crítica profunda a las características androcéntricas y patriarcales, adulto-céntricas y euro-céntricas del sistema educativo vigente, diseñado para la reproducción de los esquemas de injusticias y opresión humanas y sociales.

Por tanto, esta tiene que plantearse un producto académico impregnado desde la interacción social, para el establecimiento de relaciones humanas soportadas en la solidaridad, alejadas de los prototipos individualistas y mercantilistas, para formar sujetos y sujetas activos en la participación libertaria y creativa.

“Nos obligamos, por consiguiente, a criticar el modelo resultante del paradigma educativo hegemónico, que en sus formas y contenidos, obstruye el conocimiento profundo y crítico de las desigualdades a lo interno del propio sistema educativo, de la falta de objetividad de un sistema que bajo pretensiones universalistas niega las especificidades histórico-culturales, reproduciendo perniciosamente la subordinación y discriminación de la mujer y potenciando la conciencia favorable a las relaciones de opresión y explotación social y humana”.[1]

[1] Peña, Fernando, “La Ética en la Reforma, Tiene que ser una Ética transformadora”. La Ética de la Reforma Universitaria:

Tiene que ser una Ética Transformadora

Ponencia en el taller sobre Ética, en el marco del Proceso de reforma y Transformación Universitaria de la UASD, mayo 2009.

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