Martes  16 de Enero de 2018 | Última actualización 06:30 AM
Playa Girón: 48 años después
Por: OMAR PEREZ SALOMON | 2:43 PM

Ya desde 1959, altos funcionarios de la Casa Blanca abogaron por una invasión. Recordemos lo que confesó el vicepresidente de Eisenhower, Richard Nixon, en su libro Seis Crisis: “A principios de 1960, la opinión que yo había sostenido durante nueve meses se impuso por fin. La Agencia Central de Inteligencia recibió órdenes de proporcionar armas, municiones y adiestramiento militar a los cubanos que habían huido del régimen de Castro y que en esa época se hallaban desterrados en Estados Unidos y varios países de América Latina.” (1)

El 17 de marzo de 1960, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), recibió instrucciones del jefe del gobierno a fin de que organizara el entrenamiento de los anticubanos. A partir de entonces, los preparativos para organizar una fuerza mercenaria y derrocar el poder revolucionario pasaron a formar parte de la estrategia global anticubana. En este sentido se puso en marcha un plan de cuatro puntos que incluía la creación de un gobierno en el exilio, una campaña de propaganda, operaciones clandestinas de inteligencia en la isla y una fuerza paramilitar fuera de Cuba para entrenar guerrilleros.

En el mes de abril de 1960, Roberto Alejos, uno de los magnates cosecheros de café de Guatemala, fue visitado en sus oficinas por el Primer Secretario de la embajada yanqui en Ciudad Guatemala y jefe de la CIA en ese país, para obtener su visto bueno para que en sus fincas se entrenaran las fuerzas anticubanas.

De esa forma, en mayo de ese mismo año, llegaron los primeros cubanos a la finca Helvetia. El destacamento de más de treinta hombres había entrado en Guatemala como “ingenieros agrónomos”.

Posteriormente, en la base Trax o Vaquero, como se le conocía indistintamente a esa zona de adiestramiento, se acantonaron cientos de mercenarios acompañados de instructores, oficiales de logística y de contabilidad de la CIA.

El gobierno cubano en julio de 1960 pidió una reunión del Consejo de Seguridad para considerar las reiteradas amenazas, hostigamientos, maniobras, represalias y agresiones que venía sufriendo Cuba por parte del gobierno de Estados Unidos.

El Consejo de Seguridad determinó aplazar el examen de la denuncia formulada por Cuba en espera de un informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre el particular.

El organismo supremo de la ONU aprobó, en definitiva, un proyecto de resolución presentado por Ecuador y Argentina que “ofrecía una fórmula conciliatoria que, al marcar un compás de espera, concedía un plazo para que se pudiese efectuar una reconciliación entre las partes”.

Además se tomó en consideración un memorándum presentado ante la OEA por el Departamento de Estado norteamericano en el que se acusaba a Cuba de “alterar la paz en el hemisferio a través de una maligna propaganda contra Estados Unidos”.

El rechazo de la solicitud cubana y la aprobación del proyecto de Resolución ecuatoriano-argentino constituyeron, de hecho, un estímulo a la agresión militar yanqui a Cuba que se cometió a mediados de abril del año siguiente.

Con el rompimiento diplomático efectuado el 3 de enero de 1961 por parte del gobierno de Estados Unidos con el gobierno de Cuba, se daba luz verde a las operaciones militares contra la isla. El Congreso norteamericano debía invocar la doctrina Monroe y declarar que una potencia europea está realizando una agresión indirecta contra Estados Unidos y otras naciones americanas al crear “un régimen satélite en Cuba”.

Playa Girón asombró al mundo pues en menos de 72 horas se logró derrotar a la poderosa maquinaria bélica norteamericana.

Los círculos políticos y la Administración yanqui buscaron una explicación al desastroso fracaso de Bahía de Cochinos; pero desestimaron el elemento decisivo y que definiría la victoria de las fuerzas cubanas: El apoyo a la Revolución y a su líder Fidel Castro por parte del pueblo cubano, que ya había hecho suyo las ideas de justicia social, dignidad y soberanía nacional.

A solo unas horas de que comience la llamada Cumbre de las Américas -sin la participación de Cuba- el ejemplo de Playa Girón entraña en la actualidad una importancia capital. Aunque la Administración de Barack Obama acaba de anunciar algunas medidas que eliminan restricciones impuestas por el gobierno de Bush, el objetivo de derrocar a la Revolución por cualquier vía, continúa presente en la política de Estados Unidos hacia Cuba.

La derrota aplastante de los mercenarios del imperialismo significó para los pueblos latinoamericanos un verdadero ejemplo de dignidad, y demostró la invencibilidad de un pueblo cuando conquista sus reales y efectivos derechos y libertades y lucha por conservarlos; para el imperialismo yanqui significó su primera y gran derrota en América.

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