Miercoles  18 de Julio de 2018 | Última actualización 09:50 PM
La Patria con que soñé
Por: RAFAEL E. CAAMAÑO C. | 10:50 AM

I

Nací en una época matizada por el terror, barbarie e injusticia que constituyo el régimen de Rafael Leónidas Trujillo Molina.

Pero el orden existente con todos sus desafueros, no fue óbice para que hombres y mujeres dignos, se aferraran aspirar al ideal sublime de igualdad y libertad.

Ansias de redención y justicia, convirtieron los corazones dominicanitas, en volcanes que eructaban esa lava bienhechora que sirvió de fragua aglutinante de una raza inmortal.

Ya fuera en el suelo patrio y allende los mares, la tea revolucionaria brillaba con fulgor, en un pebetero ardiente transportado en los hombros siempre heridos y sangrientos de esos sueños libertarios.

El derrocamiento del régimen trujillista, no apagó los sueños por un mejor país. Era necesario culminar, sacando los últimos remanentes de la odiosa maquinaria creada, durante treinta años de sangre, sudor y lágrimas.

Entre luchas y miserias realizamos conquistas invaluables, que han servido de soportes al andamiaje de una democracia, que aún subyace en el marasmo insondable de muchos desaciertos.

La Revolución de Abril de 1965, fue el grito desgarrador de la patria bien amada, herida por las acciones infecundas del odio y la ambición de gobiernos títeres y lacayos, que vendieron los sueños redentores al imperialismo interventor y maldito.

Dominicanos conscientes, arma en manos, hicieron estallar la pólvora de la dignidad y en una alianza de corazones, cargados de fe y heroísmo, convirtieron en un altar de la vergüenza el improvisado rincón citadino.

Bajo la consigna de reintegro del Gobierno nacido de las urnas, en unas elecciones libres y del retorno al orden constitucional. Se enhestó la bandera del honor y la dignidad dominicanista, en la cúspide más alta del Homenaje.

De las manos siempre firme de ese Aníbal de los tiempos modernos, Francisco Alberto Caamaño Deño. Hombres y Mujeres, enlazados en el ideal de patria o muerte, como un solo corazón.

Hicieron de este suelo bendito, la tumba y el calvario de ese yanqui impostor y sus aliados, traidores y serviles.

Cuanta sangre derramada en pos del ideal por una patria libre, soberana, independiente, donde impere la justicia, el decoro y la dignidad.

Fue esa sangre derramada la que abonó el camino hacia la democracia, hacia la conquista de un desarrollo sostenible que permitiera, una más justa distribución de las riquezas. Menos miserias, menos dolor y más igualdad.

Hoy, no todo se ha cumplido. Se han logrado conquistas invaluables. Otras, se han dejado atrás, quizás por no ajustarse al nuevo orden económico impuesto por el coloso del norte y sus adláteres Más crecimiento urbanístico, avenidas, carreteras, escuelas, centros recreativos, hoteles, hospitales ,zonas francas, etc. Reflejos de sostenibilidad y más crecimiento económico.

En contraposición, la agropecuaria ha dejado de ser importante, decrece en manos de funcionarios irresponsables, acomodados y burócratas que no conocen el campo y auspician con su ineptitud la migración campo- ciudad.
Irónicamente, en nuestro país se suele celebrar el día del trabajador agrícola.

En Mayo 15 se celebra,
El día del agricultor,
Y el pobre dejó la tierra
Y ahora vive del motor.

En un país cargado de problemas, aceptamos la intromisión en los asuntos de la nación. En una franca violación de la soberanía, el imperialismo norteamericano, Francia, Canadá y algunos países de la comunidad económica europea y el Caricón. Persisten en presionar para que aceptemos cruzados de brazos una migración haitiana, destructora de nuestra identidad, recursos naturales y portadoras de taras e insalubridad.

En consecuencia, hemos realizado amagos de búsqueda de solución. Pero no lo suficiente.

República Dominicana, parece vivir en una réplica de Sodoma y Gomorra. La corrupción:; la violencia; la inseguridad ciudadana; el papel deleznable y desorientación de los medios de comunicación de masas al servicio de emporios multinacionales, corroen los valores y la idiosincrasia de pueblo.

Los Organismos de seguridad, parecen ser partes de los sueños expuestos en “La Ciudad del Sol” de Campanella o “Utopía” de Tomás Moro, difundiendo teorías e ideas de cosas irrealizadas. Mientras la violencia nos arropa y la ciudadanía clama a gritos. ¡Sálvese quién pueda!

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