Miercoles  20 de Septiembre de 2017 | Última actualización 03:08 PM
Punta Catalina: De la debacle moral a la debacle politica del danilismo
Por: Columnista de Barrigaverde.net | 7:23 PM

La decisión y condiciones en que una parte de las elites políticas y económicas han embarcado al país en las plantas de carbón y su relación con el escándalo Odebrecht (2001-2014), reviste especial importancia política por la nítida coincidencia y continuidad histórica de un comportamiento depredador desde Santana hasta Danilo y su significación en el desarrollo de la coyuntura actual.

El peledeismo es el Trujillismo del siglo XXI. Es una definición simple Juan Bosch consideraba que las características despóticas y tiránicas del régimen encabezado por Trujillo fueron el fruto de las condiciones arrítmicas del capitalismo tardío en la Republica Dominicana.

Tras la caída de la tiranía, una revolución política democrática (1965) fue ahogada por las botas yanquis, lo que le permitió a los herederos inmediatos del Trujillismo encabezar el proceso que la pluma de Frank Moya Pons y el financiamiento del Banco Popular llaman “El Gran Cambio”, en sus propias palabras, “una profunda revolución en los últimos 50 años”.

Bosch, típico representante de la pequeña burguesía que soñaba con transformaciones económicas y sociales que dignificaran a los “hijos de machepa”, por medio de una democracia capitalista decente, no le quedó más remedio que avanzar a posiciones anticapitalistas tras la revolución de abril del 65, ideas que condensó en su famosa obra “Dictadura con respaldo Popular”.

Pero en el terreno práctico Bosch no llevo sus posturas hasta las últimas consecuencias, de lo que resulta paradójico que siendo el referente ético que todo el mundo reconoce, sea al mismo tiempo el fundador y líder de dos grandes partidos (PRD-PLD)convertidos en maquinarias corrompidas para fabricar riquezas mal habidas.

La respuesta a esta cuestión no está en el terreno de la moral, sino en el de la política, en las condiciones específicas en que se ha desarrollado “El Gran Cambio” que describe Moya Pons.

El fracaso político de Bosch que al mismo tiempo es el éxito de sus discípulos, es una expresión del fracaso económico y social de la pequeña burguesía(clases medias como se prefiere decir ahora), porque la característica esencial del “Gran Cambio” de los últimos 50 años no es el canto de sirena apologético de Moya Pons, sino la gran polarización social, que concentro nuestras riquezas sociales en las 20 y tantas familias tradicionales y las nuevas mafias políticas y narcóticas del capitalismo neoliberal globalizado, dejando a la pequeña burguesía sin base de sustentación real para promover una sociedad democrática decente.

Cuando en el país, Bosch en la teoría estaba girando a la izquierda, en el plano mundial el capitalismo abordaba su crisis de los años 70 del siglo XX dando más poder al sector financiero, restringiendo la economía real productiva, generando mayores niveles de internacionalización (globalización) y enfrentándose a las crisis fiscales, de endeudamiento abrazando la ideología y practica neoliberal con un programa político de desmantelamiento del llamado “Estado de Bienestar”, las conquistas sociales de los trabajadores, los ajustes estructurales, las privatizaciones masivas de los patrimonios públicos y todas esas historias englobadas en el mal llamado “Consenso de Washington”, que han creado el 1% de los supermillonarios por todas partes desde Estados Unidos hasta China.

Los hijos políticos de Juan Bosch aprovechan ese contexto reforzado con la caída de la URSS para decirle adiós a todo el desarrollismo humanista de su líder y el cogollo histórico de la dirección peledeista estructurada en los 70 y 80 se pasa en bloque (el partido entero) sin ningún recato a la derecha más abierta, pacta con Neotrujillismo-Balaguerismo y asume al menos desde 1996 el liderato de las nuevas elites conservadoras y narcóticas capitaneadas por el capital financiero local e internacional.

Las privatizaciones que entre 1961-1996 no hicieron los balagueristas y perredeistas las impulsaron los peledeistas (ley141-97), sin el más mínimo sonrojo y todo el despojo que ha sufrido el país con las leyes de seguridad social, las crisis bancarias, las revalorizaciones y desfalcos inmobiliarios, los escándalos de corrupción, los contratos mafias de los sectores minero y eléctrico, el descuartizamiento del CEA y los terrenos estatales, endeudamiento público desbocado y mucho más…

Es a todo eso que hemos denominado el desarrollo de un capitalismo depredador, cuatrero, salvaje, violento, contaminante, inhumano.

Entonces detallando un poco más nuestra breve definición sobre peledesimo, en nuestro contexto histórico reciente, este devino en un instrumento político e ideológico de ese modelo de desarrollo que Moya Pons y el Banco Popular prefieren llamar el “Gran Cambio”, la versión vulgar de los beneficiarios sobre lo que ha pasado en el país tras la salida de los Trujillo.

De ahí que el danilismo–peledeismo es una nítida continuidad histórica del Santanismo en las condiciones actuales.

Santana, Báez y Lilis iniciaron el lavado de activos en el siglo XIX emitiendo papeletas falsas que arruinaban a los pequeños campesinos cuando ese término y las condiciones sociales del capitalismo moderno aún no se conocían.

Báez y Lilis endeudaron fraudulentamente al país con las casas Harmont y Westendorp, todo lo cual termino con los estadounidenses controlando las aduanas, imponiendo la mal llamada convención dominico-americana, la primera intervención militar, el robo de nuestras tierras para sus ingenios y la creación de las condiciones para que Trujillo y su grupo consolidaran a punta de bayonetas esa primera fase de ese capitalismo cuatrero que Bosch prefirió llamar tardío (El propio Trujillo había sido un ladrón de reses antes de enrolarse en la gendarmería americana).

Cuando cae la tiranía, el pueblo se levanta derrotando a las elites y sus generales corruptos el 27 de abril del 65 en el Puente Duarte, los norteamericanos retornan para ahogar en sangre la aspiración democrática del pueblo y nuevamente crear las condiciones para el “El Gran Cambio”, la fase desarrollada del capitalismo cuatrero de Balaguer, Leonel y Danilo.

Así que Joao Santana, no ha descubierto nada en este país.

Nunca existió ninguna diferencia sustantiva entre Leonelismo y Danilismo. Joao Santana vendió la imagen de Danilo Medina como un personaje cercano a la población, humilde, progresista, decente, orientado a enfrentar las desigualdades y la pobreza, frente a un Leonel elitista, lejano, prepotente y discursero vinculado a las elites, pero la realidad es que Danilo había jugado desde los 80 un papel más destacado que Leonel como figura partidaria y como operador de todo ese proceso que trasformo al PLD, en una fuerza política en la que Juan Bosch fracaso estrepitosamente tratando de inculcarle un discurso de “liberación nacional” y “honestidad a toda prueba”.

¿Por qué las plantas de carbón son una expresión del capitalismo depredador y de la debacle moral del danilismo-peledeismo? Porque muy a pesar de nuestra crisis eléctrica no la necesitábamos en lo más mínimo y se ha embarcado al país en la inversión más costosa de toda su historia, solo para beneficiar a un grupo de empresarios inescrupulosos y políticos mafiosos. Todo lo que se ha revelado con posterioridad al inicio de este proyecto prueba que se desecharon opciones más económicas y menos contaminantes. Las plantas, son un megaproyecto más de la era del “Gran Cambio”.

El danilismo puede engañarse asimismo si lo prefiere frotándose las manos con las supuestas nuevas declaraciones de la señora Mónica Moura liberándolo de responsabilidad en el tema de la financiación política de parte de Odebrecht o con su mamotreto de acuerdo con esta empresa ya homologado. ¿Y es que en los hechos, el dinero de la financiación política ha salido de las arcas de Odebrecht?, ¿Y las sobrevaluaciones? ¿Y el dinero de la compra de la reforma reeleccionista del 2015 de dónde salió? ¿Y el departamento internacional de sobornos de Odebrecht trasladado de Brasil al Palacio Nacional a cargo de Joao Santana no dice nada, verdad?

El tema Odebrech (2001-2014) incluyendo Punta Catalina está sirviendo de detonante para un cambio político en la Republica Dominicana, no solo por lo que dice canción de la Marcha Verde en Santiago de que“ el pueblo ya se decidió denunciar a los que están robando”, sino también porque las características y dimensiones históricas y presentes del modelo político basado en la acumulación por corrupción e impunidad entronizado por el peledeismo ha comenzado a mover aguas conducentes a una crisis de gobernabilidad.

Hay muy pocas dudas ya de que hemos entrado de lleno en una nueva fase de transición política, la discusión ahora no es si en República Dominicana habrán o no reformas políticas, el punto es el contenido y alcance de los cambios, y eso depende más del desarrollo de los acontecimientos que están en curso, que de nuestras posturas ideológicas aunque una y otra cosa influyan. Nótese que los organismos internacionales ya advierten que ha empezado a chillar la sacrosanta estabilidad macroeconómica, bandera número uno del éxito del modelo peledeista dominante de todos estos años.

La pugna política actual puede conducir a desde un simple reciclaje del modelo peledeista dominante resultante del “pacto por la democracia de 1994”(trujillismo del siglo XXI), hasta una ruptura estructural sustantiva del actual esquema político, pasando por diversos matices intermedios.

Con un poder concentrado en lo económico, lo político y mediático, con una fuerza dirigente que comienza a debilitarse políticamente de manera sostenida, pero aferrada al control del grueso de las instituciones estatales y sociales, con contrapesos aun anémicos, en la Republica Dominicana se abre un tortuoso proceso de cambios políticos que en el desarrollo de la actual coyuntura muy posiblemente se producirán desenlaces parciales en diferentes tramos de tiempos, antes que un saldo político que conduzca a un nuevo modelo ya sea de reciclaje o de ruptura estructural.

Apostamos a un cambio profundo del actual modelo de dominación política, necesitamos un nuevo poder constituyente, transformaciones que vayan a la raíz de nuestra problemática social, un desmantelamiento del estado cuatrero y clientelar, una recuperación de los bines comunes en manos de las mafias depredadoras.

La caída del actual gobierno ilegitimo y el inicio de la debacle del danilismo–peledeismo es una buena noticia para un pueblo que ha comenzado a despertar, este primer objetivo deberíamos poder lograrlo en este periodo 2017-2018, pero este logro seria apenas una mínima apertura para avanzar en una lucha por la restitución de nuestros derechos y una sociedad incluyente.

● El autor es activista de Poder Ciudadano y la Marcha Verde.

(function(i,s,o,g,r,a,m){i['GoogleAnalyticsObject']=r;i[r]=i[r]||function(){ (i[r].q=i[r].q||[]).push(arguments)},i[r].l=1*new Date();a=s.createElement(o), m=s.getElementsByTagName(o)[0];a.async=1;a.src=g;m.parentNode.insertBefore(a,m) })(window,document,'script','//www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-25417938-8', 'barrigaverde.net'); ga('send', 'pageview'); */?>