Miercoles  25 de Abril de 2018 | Última actualización 07:22 PM
Al libro
Por: GUAROA UBIÑAS RENVILLE | 8:06 AM

"El libro convencional que luce sus individuales es un instrumento confiable", GUR.

El libro es uno de los instrumentos más Maravillosos que han creado las civilizaciones bien entendidas.

Durante miles de años la palabra como tal, escrita, transmisora de deseos, mandatos, emociones, imaginación, ha encontrado en el libro su refugio favorito y su medio de socialización por excelencia. Nació al igual que las grandes hipótesis y suposiciones, sobre la aparición de la vida y la formación del mundo, las grandes religiones, en oriente.

Nacieron tras ellos las grandes bibliotecas, orgullos de dinastías, imperios y reinados, en china, en Persia, Alejandría y Tombuctú, en el corazón del áfrica negra siguieron a su nacimiento.

Su anatomía se dividió, en lo que se dice, que es el texto, su cuerpo y la parte que lo cubre, las imágenes y lo que lo complementa y adorna o afea; el para-texto. Un todo que desde que cae en nuestras manos, se relaciona por medio del tacto a la esperanza de que al abrirlo nos revele lo que estamos esperanzados en saber o de confirmar. Colme nuestras expectativas de conocimiento o de distracción.

La forma de expresarse del texto es de diferentes formas o maneras que son llamados géneros; cada libro es un esfuerzo de establecer una relación sin fronteras. Una forma de socializar. Lo que hace a su objeto físico, en ¡un símbolo!.

Sus razones y sinrazones, cercadas por los márgenes que lo limitan permiten el acceso al lector para tocarlo.

Letras y palabras, frases, párrafos, silencios y pausas que se organizan tratando de acoplarse no solo con el ritmo cardio- respiratorio del futuro lector, sino también con las altas y bajas emociones que pudiera producir el mismo. Para ello usa expresamente los puntos, las comas y otros artificios.

Hoy menospreciado por la ignorancia colectiva que cobra fuerza por una política desacertada y hasta perversa, el libro vive en los anaqueles de bibliotecas y librerías, en las aceras de las calles. O a un precio de monopolio en algunos lugares.

La politiquería criolla consciente de la ignorancia en que han mantenido a nuestra población han visto en la computadoras y los celulares con internet un instrumento político que contraponiéndosela al libro solido al cual han llamado antigüedad les crea, junto al deslumbramiento de los avances digitales, la imagen de políticos civilizadores. Política asociada a lo de crear una república y educación digital. Propaganda en la que han gastado lo que no han podido hacer en promover la lectura.

Argumentan la presencia de los textos en la luminosidad eléctrica de las computadoras y ello es beneficioso, porque estos textos a los que llamamos líquidos al menos están ahí. Naturalmente el que no está educado en la lectura no leerá ni nuestro libro físico, ni el que aparece en los medios digitales al cual llamaremos liquido (ver z. Bautman).

Política de irrespeto a sí mismo y al libro que es extraña a países más desarrollados (México, Argentina; Colombia, Chile, etc.) donde las librerías lucen con gran afluencia y abarrotadas. No Cabe duda, la perversidad de nuestros politiqueros ha sobrepasado a la de esos países hermanos.

El libro sólido o físico no es un instrumento que deba entrar en competencia con los medios digitales, tiene un lugar ganado en los espacio humanos, nos brinda además de conocimiento y distracciones y expresiones de la creatividad e imaginación humana la peculiaridad de que nos permite percatarnos de la intencionabilidad de los autores y la formas y maneras de expresarla ganándose o perdiendo nuestro favor, permitiéndonos tanto separarlos como acogerlos con el Cariño, el respeto y la admiración que nos merecen sus autores.

El objeto libro (físico) sin caer en fetichismo ha sido privilegiado por los más bellos mimos por los que estamos familiarizados con él, y esa, es una condición que no podemos negar a la juventud de hoy.

Existen así obras individualizadas que permanecen al lado de nuestros lechos y en medio de nuestros pensamientos. Que han servido de esa manera familiar a tutorar a nuestro paso por la vida. Por demás existen también personas que brindan sus aportes científicos y literarios para cumplir con un compromiso social y la intima ilusión de trascender a su propia muerte dejando un objeto que los recuerde, represente. El libro.

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