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Gregorio Luperón
Por: ARIOSTO SOSA VALERIO | 7:41 AM

Un día como hoy, 8 de septiembre, pero de 1839, hace 178 años, nació en San Felipe de Puerto Plata, Gregorio Duperron, hijo de Pedro Castellanos y Nicolasa Duperron, de origen haitiana. Más luego el apellido sería modificado por Luperón.

De pequeño asistió a una escuela primaria apadrinada por una sociedad inglesa. Ayudaba al sustento de la familia vendiendo dulces y pan por las calles. En la casa de don Pedro Duboc leía libros de la biblioteca de este, quien le había cogido gran afecto. Los que leía de preferencias eran los de historias y novelas heroicas y también de medicina natural.

Entre los 12-15 años trabajó en un aserradero de caoba de Pedro Duboc, en Jamao. En una fiesta dada en su casa de Jamao, él y un hermano se enfrentaron a 11 bandoleros, a sablazo limpio, poniendo fuera de combate a dos y el resto dado a la fuga. A este pleito se le dio el mote del Pleito de Gollito, apodo con el que era conocido.

En julio de 1857 estalla una revuelta contra Buenaventura Báez y Gregorio se incorpora a esta siendo designado encargado del cantón rebelde de Rincón de Yásica (18 años). Al ascender Santana en sustitución de Báez, se disgusta con este y se retira a Sabaneta de Yásica, donde le sorprende el acto de la Anexión y se niega a firmar el acta de adhesión a esta traición a la patria.

En Puerto Plata, un provocador adepto a la Anexión llamado Eulogio Buenamoza, se topó con Goyito vociferando vivas a la anexión, este le da una tanda de golpes que lo dejó para siempre trastornado de la mente. Por esta golpiza es tomado prisionero y encarcelado.

Ante la perspectiva de que el gobernador General Juan Suero lo quería fusilar se arma de un bastón de madera y en un descuido de los carceleros a bastonazo puro se fuga de la cárcel y se interna en las maniguas. Cruza la frontera con Haití y aparece en Cabo Haitiano y de aquí se embar

ca a Nueva York. En esta urbe tiene que salir huyendo por la discriminación racial y se embarca para Méjico. De aquí se engancha como marinero en un buque que va para Jamaica y le sirve como camarero a un médico de nombre Eugenio, con quien establece una muy buena relación con el que aprende conocimientos básicos de primeros auxilios y curas naturales de enfermedades corrientes.

El doctor Eugenio muere en la travesía y Goyito hereda sus pertenencias: libros, botiquín, bata médica, sombrero de copa alta –chistera–, sus papeles, etc. De Jamaica se embarca para Montecristi, donde se instala y se hace pasar por el doctor Eugenio de los Santos y continúa con la labor conspirativa contra la Anexión.

En la fallida intentona en Santiago del 24 de febrero de 1863, a la orden del General Lucas Evangelista de Peña y de Santiago Rodríguez, en un combate en Guayubín y luego en Sabaneta, por su destacada participación es nombrado por el general en jefe De Peña, con el rango de general de brigada (24años) y desde la fuga de la cárcel en Puerto Plata, es perseguido con orden de fusilarlo donde quiera que lo detuvieran, ahora con más saña y vehemencia por los anexionistas.

Después de este fracaso se dirige, clandestino, a la sección La Jagua, de La Vega a conspirar con los hermanos Pablo, Miguel y José Abreu, donde permaneció alrededor de seis meses, hasta incorporarse a la lucha reiniciada con el Grito de Capotillo del 16 de agosto, de manera que junto con los hermanos Abreu sublevaron a La Vega y el 31 de agosto marcharon para Santiago a dar la pelea por la plaza contra el general español Manuel Buceta, quien estaba atrincherado en la fortaleza San Luis.

En esta ciudad se encontrarían todos los patriotas de La Línea Noroeste, quedando Buceta el primero de septiembre totalmente sitiado, que ni siquiera agua podía bajar a buscar al río Yaque.

El 7 de septiembre en la madrugada se inicia la batalla por la toma definitiva de la fortaleza, en lo que las fuerzas fueron distribuidas por el general Gaspar Polanco, Jefe supremo de los Restauradores de la siguiente manera: general Gregorio Lora por la calle San Luis; coronel Benito Monción con la artillería colocada en el cerro El Castillo – donde está hoy el Monumento de la Restauración-; Luperón por la calle Juan Fco. García y el general Polanco por la calle de la iglesia, con dos piezas de artillería. Los patriotas estaban armados con todas clases de armas, desde garrotes, machetes, cuchillos, lanzas de maderas, fusiles, arcabuces, pistolas, sables, etc.

Buceta desesperado por la carencia de alimentos y refuerzos, ordenó quemar la ciudad. Los cañones fueron cargados con trapos empapados en alquitrán y disparados contra los techos de las viejas casuchas. La ciudad corazón ardió como una gigantesca hoguera.

En la batalla de Santiago se consagraron los generales Gaspar Polanco que por su eficiencia y valor alcanzó el grado de Generalísimo y el general Gregorio Luperón, quien surgió como uno de los héroes más distinguidos de la guerra de restauración, por la forma magistral que condujo sus tropas.

En el fragor del combate en un momento le matan el caballo a Luperón y en los muros de la fortaleza se baten cuerpo a cuerpo con los españoles: bayonetas, machetes, sables y metrallas. A pesar de que el comandante español Cappa pudo penetrar con refuerzos a la fortaleza, el 13 se septiembre Buceta decide romper el cerco a sangre y fuego y dirigirse a Puerto Plata.

Cuando a Luperón, que está en Mari López, le informan desde Los Chachaces lo que pretende Buceta, sale con su columna a darle alcance y por Quinigua entabla combate arrancándole dos piezas de artillería, banderas y tomando prisioneros.

Buceta se le escapó y logra llegar a Puerto Plata perseguido por Gaspar Polanco y Benito Monción. Luperón quedó como reorganizador de los restauradores y jefe de operaciones en la principal plaza del Cibao. Se estima que en esta batalla de Santiago perecieron unos 500 dominicanos.

Mientras Gaspar Polanco y Benito Monción están persiguiendo y combatiendo a Buceta y Luperón reorganiza las fuerzas patrióticas, Pepillo convoca una reunión con las personalidades más destacadas, a espaldas de los jefes revolucionarios.

Luperón se presenta a la reunión sin ser invitado y se arma un encontronazo entre ambos combatientes. Pepillo sale ganando la presidencia de la República en Armas y forma gabinete.

Entre Gregorio y Salcedo había surgido diferencias por la manera de comportarse Pepillo por la condescendencia y contemporización con los españoles anexionistas, e incluso le había propuesto a Luperón a que Buenaventura Báez se hiciera cargo del gobierno provisional, siendo Báez un anexionista con el rango de Mariscal de Campo del Ejército Español. Luperón es intransigente con todo lo que huela a español.

Designa el gobierno que el héroe se dirija a La Vega, a reorganizar las fuerzas ante la noticia de que Santana se dirige a Santiago con una columna de 6 mil hombres para aplastar la rebeldía. Le entregan a Luperón dos cajas de pólvora y 5 carabinas y nada de hombres. Tenía que buscárselo en el camino.

Luperón exige que redacten un decreto declarando a Santana traidor a la patria y condenándolo a la pena capital cuando sea aprendido.

En La Vega encuentra la población indecisa y pusilánime por efecto de la propaganda anexionista y al General Mejía, comandante de la zona, timorato y temeroso para el reclutamiento.

En eso es capturado un coronel del ejército español de apellido Galdeano con propaganda llamando a la adhesión a la anexión. Luperón ordena que sea fusilado y Mejía es reticente a cumplir la orden. Por otro lado el comercio no quería venderles mercancías a los rebeldes y Gregorio amenaza a los comerciantes con confiscarle lo que necesitan las tropas.

Así las cosas Galdeano fue fusilado a eso de las 10 de la mañana y ya a las 6 de la tarde el acta de la independencia había sido firmada por toda la población vegana. ¡Ahí ni los niños quedaron sin adherirse a la Restauración ¡

Gregorio se dirige a Cotui y con unos 300 hombres de aquí parte para la zona de Yamasá y Guanuma, donde hay un campamento rebelde aposentado en el cantón de Arroyo Bermejo, a orilla del río del mismo nombre, por donde debía pasar Santana con sus tropas en ruta al Cibao.

Se entabla combate y es detenido el avance del general Santana, teniendo que replegarse hasta la sabana de La Luisa Esto sucede al final de septiembre. A principios de octubre se presenta al cantón el presidente Salcedo con la intención de reemplazar a Luperón del mando y que éste se reportara a Santiago.

La tropa se rebela y no quiere aceptar el mando del Presidente. Luperón calma los ánimos y le pide que obedezcan la orden y se despacha a Santiago. El 20 de octubre el ministro de la guerra, R.M. Mella informaba que Santana había tomado el cantón y se encontraba en Yamasá.

A Luperón lo envía el gobierno provisional hacia el Sur para contener los desmanes, que la queja de la poblaciones atribuían al general en jefe de esa región Pedro Florentino. En camino se encuentra en Bonao con una avanzada restauradora que conduce prisionero al general. anexionista dominicano Modesto Días y los coroneles José Varela y Demetrio Álvarez.

Le quita estos oficiales y se los lleva consigo para el sur, con la intención de atraerlos a la causa restauradora como hizo con Eusebio Manzueta. Estos oficiales tenían mucha influencia en esta región y colaboraron con Luperón intercediendo en la población y dándole muchas informaciones de tipo militar al caudillo.

Florentino no estaba conforme con el trato de Luperón con los prisioneros y consiguió con el gobierno de Pepillo la orden de fusilarlos. Luperón se opone y logra que Florentino acepte que lo conduzcan a Santiago y sea allá que los fusilen.

La tropa que conduce a los sentenciados son de Luperón y antes de llegar Azua los prisioneros de escabullen y escapan. Parece que fue facilitado por el héroe. Esta acción, salvadora de estos oficiales, posteriormente al paso de los años, su participación sería decisiva en la lucha por la independencia de Cuba con la incorporación de Modesto Días, Luis Marcano, Lorenzo Despradel y otros dominicanos, junto con Máximo Gómez, otro oficial dominicano anexionista, en la Guerra de los Diez Años por la independencia de Cuba.

Tanto en la campaña del Sur como en la del Este a Luperón se le nombra como Jefe De Operaciones con la misión de impedir que los anexionistas cruzaran la línea que los conducirían a penetrar al Cibao y llegar a Santiago, sede del Gobierno Restaurador, o en el Sur que no pasaran de San Cristóbal.

De esta manera es que después de llegar a Azua por la vía de Piedra Blanca –Rancho Arriba– El Maniel (San José de Ocoa), instala cantones (frentes guerrilleros) en Yaguate, Haina, Pedregal, Hatillo, Pontón, Guayabal, Sabana Toro, Cruz de Santiago, Estancia Nueva, Samangola, etc para mantener el asedio a la dotación de San Cristóbal y que no recibieran refuerzos de Santo Domingo, ni pudieran moverse a parte; es decir que estaban acorralados.

El General Pedro Florentino recibe una comunicación del Presidente Pepillo Salcedo donde le instruía de que procediera a fusilar a Luperón por traición al ser cómplice del escape de los oficiales anexionistas. Al comunicarle esta decisión al héroe, éste le dice que cumpla con su deber, pero Florentino le dice que no va cargar con esa responsabilidad, que se vaya a Santiago y que sea Pepillo que lo fusile, que él no. En Santiago Pepillo no se atreve a fusilarlo y lo recluye en Sabaneta.

La situación por la banda de Cotui, Monte Plata, Yamasá es cada vez más precaria y los restauradores van perdiendo terrenos, pues Santana logra romper la resistencia de Arroyo Bermejo y toma camino a penetrar por Cotui y San Francisco. Llaman de nuevo a Luperón para que se presente al combate y conjuntamente con Pepillo retiene el avance de Santana. De manera que Gregorio Luperón se pasó casi toda la Guerra Restauradora combatiendo en la franja del Este y en el Sur.

El patricio Ramón Matías Mella era el Ministro de la Guerra del Gobierno Restaurador y había elaborado un Manual de la Guerra de Guerrilla, método usado durante toda la contienda; en él se destacan algunas de las instrucciones a seguir:

1.- Al enemigo hay que agobiarlo con guerrillas ambulantes racionadas por dos, tres o más días, que tenga unidad de acción a su frente, por su flanco y a retaguardia, no dejándolo descansar ni de día ni de noche, para que no sean dueños más que del terreno en que pisan.

2.- Nuestra tropa deberá, siempre que pueda, pelear abrigada por los montes y por el terreno y hacer uso del arma blanca, toda vez que vea la seguridad de abrirle al enemigo un boquete para meterse dentro y acabar con él.

3.- No deberemos por ningún concepto presentarle un frente por pequeño que sea, en razón de que, siendo las tropas españolas disciplinadas y generalmente superiores en número, cada vez que se trate de que la victoria dependa de evoluciones militares, nos llevarían la ventaja y seríamos derrotados.

4.- No debemos nunca dejarnos sorprender y sorprenderlo siempre que se pueda y aunque sea a un solo hombre.

5.- No dejarlo dormir ni de día ni de noche, para que las enfermedades hagan de ellos más estragos que nuestras armas.

6.- Este servicio lo deben hacer solo los pequeños grupos de los nuestros y que el resto descanse y duerma.

7.- Si el enemigo se repliega, averígüese bien, si es una retirada falsa, que es una estratagema muy común en la guerra; si no lo es, sígasele en la retirada y destaquen en guerrillas ambulantes que le hostilicen por todos lados; si avanzan hágasele caer en emboscadas y acribíllese a todo trance con guerrillas, como se ha dicho arriba, en una palabra, hágasele a todo trance y en toda la extensión de la palabra, la guerra de manigua y de un enemigo invisible.

8.- Cumplidas estas reglas con escrupulosidad, mientras más se separe el enemigo de su base de operaciones , peor será para él; y si intentase internarse en el país, más perdido estará.
En un combate cuerpo a cuerpo en la franja entre Guanuma y San Pedro a Luperón le dan varios sablazos y le matan la mula que cabalgaba y a base de coraje se abre paso y se monta en otro animal libre de jinete, para seguir la pelea.

En el mes de marzo del 1864 se enfrenta con una columna comandada por el aguerrido y valeroso general Juan Suero, el Cid negro, el cual cae mortalmente herido, muriendo horas después. ¡Lástima que este general de extraordinaria valentía peleara con los anexionistas, del lado patriota hubiese sido de gran ayuda!

En el ataque a San José de los Llanos en el mismo mes de marzo participa, por decisión propia, la egregia figura de Vicente Celestino Duarte, el hermano mayor del Patricio, quien había sido nombrado como pagador de las tropas por Luperón en el Bermejo, en abril de ese año.

Vencido el ejército español, aceptó el cargo de Vicepresidente de la Junta Gubernativa. Restaurada la República, regresó a su pueblo natal, Puerto Plata, rodeado de la admiración y del cariño del pueblo dominicano que lo aclamó y lo aclama desde entonces como la espada más firme en defensa de sus ideales patrios.

Se opuso al regreso al poder de Buenaventura Báez, lo cual le conllevó al destierro y expulsión del país. Pocos meses después, regresa para integrar el movimiento llamado Triunvirato de 1866, que derroca a Báez y se convierte en gobierno.

El Triunvirato es disuelto en 1866 a favor de una constitucionalidad para que asuma la Presidencia de la República, el General José María Cabral.

Al ascender al poder Ulises Espaillat, Luperón es nombrado en el cargo de "Ministro de Guerra y Marina".

Ante la renuncia de Espaillat, de nuevo Luperón es exilado, y espera cerca de dos años, a que sus antiguos enemigos González y Báez se alternen en el poder para un nuevo regreso al país.

Tras el derrocamiento del gobierno de Cesáreo Guillermo, Luperón asume la presidencia de un gobierno provisional con su sede en Puerto Plata. Los catorce meses de este gobierno fueron de paz, de libertad y de progreso, produciendo unas elecciones limpias en 1880, en donde fue electo Presidente de la República el Presbítero Fernando Arturo de Meriño, que también fue respaldado por Luperón.

En este gobierno fue designado como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Europa. De regreso al país, es nombrado Delegado del Gobierno en el Cibao durante el régimen de Francisco Gregorio Billini. Tras cuya renuncia en 1885, se une al Vicepresidente Alejandro Woss y Gil.

Desde su cargo, y tras la revolución de 1886, Luperón se enfrenta a ésta en Puerto Plata, contribuyendo con ello al triunfo de Ulises Heureaux y al ascenso de éste a la Presidencia, en el año 1887. Heureaux, también de Puerto Plata, y quien había sido un valiente restaurador como Luperón, comenzó a desarrollar un gobierno despótico y dictatorial, lo cual generó en Luperón arrepentimiento y decepción. Esto hizo que se marchara al exterior a combatirlo. Su campaña fracasó por falta de apoyo del gobierno haitiano.

Enfermo en la isla de Saint Thomas, fue buscado por el mismo Ulises Heureaux, para morir en su pueblo natal Puerto Plata el 20 de mayo de 1897.

¡La vida y la obra patriótica del general a los 24 años de gregorio luperon, es un ejemplo a imitar por todos los jóvenes de esta tierra dominicana, del caribe, de america latina y del mundo, que de nacimiento humilde, pobre, semi-analfabeto y negro como francisco del rosario Sánchez, supo elevarse a las cumbres de la dignidad, el heroísmo, el amor acendrado y sin dobleces a la preservación de la independencia, la soberanía y la libertad de la patria dominicana!.

¡Gloria eterna a la Primera Espada de la Guerra de la Restauración!

¡Así pienso. Así actúo!

Ariosto Sosa Valerio=ASOVA.

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