Viernes  22 de Junio de 2018 | Última actualización 08:04 PM
El rector no tiene quien le escriba
Por: Columnista de Barrigaverde.net | 7:51 AM

Con claridad meridiana recuerdo al ex-Rector Porfirio García manifestar, en un discurso inaugural de campeonato de LISOPROUASD que, "no intervendría a favor de ningún candidato en las elecciones a la rectoría". Esas mismas palabras las repitió el Rector Iván Grullón en el Claustro Menor del 28 de octubre de este año en el aula Magna.

Asimismo, y en tono de reproche el Rector Iván Grullón manifestó que: ¨lo habían dejado solo, hasta sus propios aliados¨. Contexto muy parecido al aislamiento del Prof. Porfirio cuando entregó a Roberto Reyna el mando de la rectoría, y quedó inhabilitado de por vida a presentarse a una candidatura en la Universidad, al dar un paso en el proceso de jubilación sin retorno en su decisión.

Por su parte, el ex Rector Mateo, conocedor de la Academia en toda su extensión, entendió la dinámica de los ocasos de las gestiones rectorales en la UASD. Descifró, perfectamente, que los múltiples acuerdos de aposentos con partidos, grupos corporativos, grupos profesorales, estudiantiles, de empleados se agotan al final de la gestión, y optó, en consecuencia, por no asumir una posición neutral en las elecciones de autoridades, por lo que prefirió apostar a una candidata a la rectoría. Asumiendo una estrategia de “bateo y corrido” a lo interno de la Universidad y a la vez tirar anclas en una candidatura a la senaduría por San Cristóbal.

Así las cosas, dos posiciones en contraste: apoyar o quedarse neutral. Sin embargo, los escenarios cambian y se llega a los últimos meses de la actual gestión rectoral con un sinnúmero de problemas en todos los órdenes financiero y operacional, con la desventaja de la dispersión de los aliados del Rector, con un Gremio de Profesores enarbolando las banderas de las reivindicaciones, una opinión pública rabiosamente adversa, un Presidente apático a todo lo que le huele a UASD, autoridades gubernamentales hostiles a la Academia, y desde dentro no faltan los francotiradores que entienden que poniendo en la hoguera al Rector se desprestigia la gestión y se logra el descontento de la masa profesoral en beneficio de candidaturas que están en la “banca esperando su turno para batear”.

En tanto, se agota un modelo en el seno de la Academia sustentado en la discrecionalidad en la toma de decisiones que, por demás, se ha hecho parte de la cultura organizacional de la Academia y ha corroído su base institucional, al no aplicarse lo estatutariamente instituido.

Discrecionalidad que ha surgido en las entrañas mismas de los procesos eleccionarios, y ha vulnerado todos los estamentos de la UASD, imponiendo la dinámica de redistribuir el presupuesto en la Universidad no sustentado en lo en los méritos, prioridades académicas e investigativas, a lo reglamentado en términos de carrera docente y administrativa, sino, en todo lo contrario: basado en la perversidad del capital invertido por inversionistas en espera de pingües beneficios económicos.

Queda pues, estar más atentos que nunca a los acontecimientos: el escenario actual difiere sustancialmente de tiempos de la época de Balaguer, pues en ese período nefasto de la historia republicana de nuestro país, con grandes amenazas pendiendo sobre la Universidad, aun no existía una Ley de Privatización, ni se hablaba de la sofisticada estrategia de financiar la demanda en la educación superior no tan sólo con partidas consignadas en el presupuesto público mediante transferencias, sino también recibiendo ingresos del erario público vía financiamiento de becas por el órgano rector de la educación superior.

Ha llegado, pues el momento de entender que la discrecionalidad como modelo de gestión imperante en la Academia se agotó. Todo lo cual, necesariamente, indica que inexorablemente lo viejo debe ser sustituido por lo nuevo, y como aprendimos de la misma dialéctica: nada es inmutable y permanente, todo cambia y se transforma. Razonamientos que nos llevan a comprender que la situación de la UASD demanda cambios muchos más trascendentales que cambios de autoridades cada cuatro años.

● El autor es Ph.D. en Economía.

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