Lunes  21 de Mayo de 2018 | Última actualización 07:53 AM
Clasificación de naciones por su nivel de desarrollo: 'Países de Mierda'
Por: Columnista de Barrigaverde.net | 3:37 AM

La literatura, la teoría económica, los informes y estudios de organismos internacionales denominan los países según su desarrollo y nivel de ingreso.

En el caso de los países de escaso desarrollo, se les nombran como países de Tercer Mundo, países pobres, países de bajos ingresos, países subdesarrollados, países emergentes. En tanto, los de mayor desarrollo se les da la categoría de desarrollados, industrializados, y de Primer Mundo.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en su Informe de Desarrollo Humano clasifica los países en nivel bajo, medio bajo, medio alto, y alto de desarrollo, basado en la puntuación lograda por cada país a partir del Índice de Desarrollo Humano, construido en función de tres componentes: ingreso percápita, salud y educación.

Por su parte, el presiente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump, ha agregado una nueva categoría al argot económico del desarrollo: ¡Los países de mierda!

En efecto, en una de sus intervenciones oficiales se ha referido a países africanos, a El Salvador y Haití, como países de mierda, al referirse a los mismos como naciones que suplen de inmigrantes a los Estados Unidos en cantidades y, claro está, calidades de individuos que, para el Presidente, no son deseadas. En tanto, aboga por incentivar la migración de ciudadanos europeos a Norteamérica.

Pues bien, como registra la historia, la población autóctona de Norteamérica, fue diezmada y confinada a espacios limitados conocidos como reservas por los colonizadores, precisamente, provenientes del continente europeo. Desde entonces, Norteamérica se convirtió en un país de inmigrantes. Sólo que, unos llegaron antes y otros después.

Los primeros en condiciones sumamente aventajadas, pues la tierra se repartía entre los colonizadores por sus posibilidades y habilidades físicas de asentarse en los vastos territorios de las tierras en proceso de colonización. Luego, el mismo devenir del desarrollo político, económico y social de la nueva nación “acomodó” a sus nuevos habitantes provenientes de todos los confines del mundo.

El carácter de nación capitalista desde su fundación como nación independiente, con una dualidad de modo de producción: al prevalecer en los estados del norte el modo de producción capitalista y la existencia de esquemas esclavistas de producción en la parte sur, definió el papel de cada inmigrante en las relaciones de producción.

Así, el continente europeo aportó capitalistas provenientes de los nuevos estados-nación; los países africanos colonizados aportaron la mano de obra esclava para la producción agrícola del sur; los chinos, la mano de obra contratada en condiciones de semiesclavitud para la expansión de los ferrocarriles; los mismos europeos aportaron los obreros, muchos de ellos en condición de semiesclavos hasta tanto consiguieran el estatus de ciudadanos libres luego de comprar su libertad.

De modo que, los Estados Unidos de Norteamérica se forja en el crisol del capitalismo con la ventaja de disponer, en su etapa inicial, de la mano de obra esclava proveniente de países africanos colonizados por europeos, y la semiesclava provenientes de países asiáticos.

Todo esto conjugado con el capital proveniente de la naciente burguesía europea y las riquezas de los monarcas que se vieron compelidos a inmigrar a nuevos territorios al desaparecer los estados monárquicos y, por supuesto, con el capital local de la burguesía criolla.

Luego de la Guerra de Secesión quedó allanado el camino de desarrollo a transitar por la joven nación norteamericana: un país de capitalistas y obreros, que se surtiría en lo adelante de obreros criollos, de obreros inmigrantes de todo el confín del mundo, de capitalistas nativos y extranjeros, de hombres ricos de diversas nacionalidades: judíos, alemanes, ingleses, en entre otros; y los desplazados de los territorios invadidos por el naciente imperio estadounidense.

Así, el modo de producción capitalista prevaleciente en Norteamérica y su condición de nación altamente desarrollada, con requerimientos de gran cantidad de mano de obra y materia prima provenientes de países empobrecidos (por aquello de que sus riquezas fueron expoliadas y sus poblaciones sometidas a la más alta explotación humana) determinó su composición social, su estructura política, e inclusive su filosofía de vida.

Quedaron bien establecidos los valores éticos de carácter capitalista sobre los cuales se sustenta la sociedad norteamericana: el liberalismo.

Hoy en día, por la condición de país altamente desarrollado, del más elevado nivel de industrialización y de economía colosal, basamentada en el uso de tecnología altamente sofisticada, se ha revertido su estructura laboral: la prevalencia de obreros industriales y manufactureros se ha reducido significativamente, en tanto los empleados de servicios, en términos proporcional, se han incrementado notoriamente.

La mano de obra requerida por la industria manufactura estadounidense no requiere de desplazamiento de individuos a territorio norteamericano por el encademiento productivo a través de empresas de zonas francas.

En tanto, la mano de obra requerida por las empresas agrícolas y de servicios son suplidas por los llamados países emergentes, en gran medida pertenecientes al continente asiático, de México y países europeos del este, en cuotas claramente definidas.

De modo que, cada vez más el sistema capitalista norteamericano demanda menos mano de obra no cualificada proveniente de países empobrecidos, en tanto compite por los recursos humanos cualificados y semicualificados provenientes de los países europeos desarrollados y asiáticos.

En consecuencia, en lo que respeta a los países africanos, centroamericanos y Haití, y con ellos todos nuestros países empobrecidos, nos queda buscar vías de desarrollo incluyente en la distribución del ingreso, de economía social en la generación de riquezas, que priorice al individuo como ente fundamental en la sociedad que les ha tocado vivir, y asumamos con mayor determinación el fortalecimiento de los bloques económicos regionales amparados en los principios de reciprocidad y complementariedad, y lo más importante: alejado de las concepciones y recetas neoliberales, impuestas precisamente por los países desarrollados de vocación imperial.

● El autor es Ph. D. en Economía.

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