Viernes  25 de Mayo de 2018 | Última actualización 07:47 AM
Efraín Calderón
Por: Columnista de Barrigaverde.net | 6:56 AM

Esa noche conspirativa de clandestinaje y propaganda de agitación política salimos varios camaradas desde el Club de Kung Fu y pintamos un letrero anti-Balaguerista en la pared de un establecimiento comercial, ubicado muy próximo al antiguo cabaret de "Pobre", de la calle Duarte de San Juan de la Maguana. Yo, lleno de felicidad, a gusto, sonriendo con placer, lo rematé con el símbolo de la Hoz y el Martillo.

Ese símbolo me transmite una fuerza interior poderosa. Y seguimos caminando entre penumbras tras otro espacio para repetir la hazaña. Pero resultó una imprudencia propia de la adolescencia emotiva y política.

Los policías -no comprendían que esa lucha por el Socialismo no es en contra de ellos- que se encontraban en el cabaret, sintieron el olor y pasaron el dedo sobre el letrero, y muy pronto detectaron que era pintura fresca recién colocada, dieron la voz de alarm e iniciaron la cacería.

Pero también los policías cometieron el error de avisarnos la osadía que ellos habían descubierto al efectuar varios disparos al aire. El teniente Kelly (y varios policías políticos, chivatos y calieses bien reconocidos), quien vivía a tan sólo tres casas de la mía, peinaba las calles de la ciudad deteniendo y registrando a todo mundo, iba y volvía a gran velocidad sobre su motorcito Honda, color verde, cuyo mofle despertó una verdadera jauría; perros que no dejaban de ladrar.

En muchas ocasiones realicé ese tipo de actividad política, y en la mañana temprano ya estaba en la casa de Kelly tomando café y escuchando sus narraciones sobre todo cuanto ocurrió durante la noche.

La situación se tornó difícil y peligrosa, ya que la Policía había sacado agentes en vehículos y disparaban en las esquinas como para que las mismas Patrullas no los confundieran. Y el grupo con el que yo andaba se disgregó bajo el acuerdo de regresar todos al Club de Karate, sin importar la hora. Y estaba prohíbido tirar la propaganda: afiches y pintura.

Me alejé lo más que pude de los barrios populares de la calle Sánchez y fui a dar a las proximidades de la residencia del señor Atiles Méndez -protegida por Policías-, por la calle Trinitaria, llegando al antiguo mercado, en eso apareció Rafelito Calderón en una camioneta, gran amigo de Máximo Lama y de la familia Oviedo, mis vecinos, a quienes él visitaba frecuentemente, y me llevó a mi casa en medio de muchos consejos.

Pero de pronto recordé que debía hacerme presente en el Club y no en mi casa, y le pedí que me llevara. Y me llevó hasta el club de karate a cambio de que le dejara en el vehículo la propaganda, quería asegurarse de que esa noche yo no continuaría la labor. Eso me costó una gran reprimenda de los compañeros.

Ya en la tarde, en casa de los Oviedo, Rafelito Calderón me dijo que fuera a la farmacia de sus padres a buscar los afiches. El paquete envuelto en funda de papel marrón me lo entregó su padre, don Fello, hermano del doctor Efraín Calderón, no sin antes preguntarme "que qué cosa era", y le respondí que era "propaganda del Partido Comunista".

Él me conocía. Y yo lo conocía él. A ese negocio acudíamos todos los grupos de izquierda buscando comprensión y apoyo, colaboración económica y solidaridad. El propietario del establecimiento lo era el doctor Calderón, pero Fello era quien lo atendía. Nosotros apenas ingresábamos a la escuela secundaria.

Efraín Calderón fue uno de los verdaderos fundadores del PLD en San Juan. Hoy día en que el PLD está en el Gobierno, he escuchado a mucha gente decir que estuvo entre los fundadores en San Juan, y no es así. Efraín Calderón aceptó en múltiples ocasiones reunirse y escuchar a los comunistas locales a pesar de nuestra juventud visible y palpable.

A él acudían todos los grupos revolucionarios. Él simpatizaba con el Socialismo, decía que su partido era de tendencia socialista, pero menos radical que los grupos nuestros. Estaba convencido de la necesidad de conducir a la humanidad por un sendero de mayor progreso humano, familiar, social que el ofrecido por el capitalismo.

No era de mi partido ni soy yo del de él. Y sin embargo coincidíamos y podíamos caminar juntos y realizar cosas comunes, sentí verdadero orgullo de conocerlo y de ver en un hombre adulto el grado de convicciones políticas, el carácter democrático, la tolerancia a los planteamientos de otros, el respeto a las ideas.

Efraín Calderón y el padre de Simón Lizardo, fueron para nosotros los jóvenes inquietos, motivos de inspiración. Tanto Ricardo Calderón, hijo de Fello Calderón, como Simoncito Lizardo, participaron con nosotros en las izquierdas, y sus padres apoyaban nuestras aspiraciones; colaboraban.

Simoncito Lizardo debe recordar que en el local de Radio San Juan, nosotros junto a él, acompañándolo en sus programas radiales nocturnos, guardábamos propaganda y hacíamos horas, esperando las madrugadas para salir a hacer lo encomendado.

Existió en San Juan un local del PLD con el nombre de Efraín Calderón. Yo no recuerdo la calle. San Juan no debe olvidar a ciudadanos como él. No solo por los inmensos favores que hacía por los pobres en su farmacia, como los hacia Tirso, y como los hacia Olmedo, es que era un verdadero caballero con ideales más avanzados y con deseos de ver progresar a esta Nación que supera en mucho a muchos.

Efraín Calderón es el nombre simbólico que he puesto a un Proyecto de Reforestación con Frutales, elaborado con varios colegas para las altas terracerías de El Batey, San Ramón, Mogollón, Las Zanjas, Clavellina, Las Charcas, etc. Y Amaury German Aristy pusimos de nombre simbólico a una Central Hidroeléctrica que venimos estudiando entre Bohechio y Padre Las Casas. Ambos personajes son orgullo nuestro. Y queremos que el ejemplo de ellos perdure.

Nunca he podido olvidarlo. Y no siento necesidad de que eso ocurra. Por el contrario, la imagen del carácter serio y afable resulta agradable. Jamás su rostro se ha borrado de mis recuerdos. Efraín Calderón fue un hombre de ideas, conceptos, y posiciones personales, familiares, sociales, y políticas más avanzadas que un gran porcentaje de la actual población sanjuanera.

Se trata del hombre que alcanzó la plenitud, la madurez, y consecuentemente respetaba los ideales de los demás, y no se inmutaba- aunque no estuviera de acuerdo- cuando tú le exponía las razones y los motivos de tus luchas. Tantas veces dio dinero para nuestros letreros, a pesar de pertenecer a otro partido.

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