Martes  19 de Junio de 2018 | Última actualización 08:18 PM
El padre Rogelio, ¿Una espina en el zapato?
Por: Columnista de Barrigaverde.net | 1:35 PM

Conocí al padre Rogelio Cruz en el sector de Cristo Rey, en Santo Domingo, donde ostentaba la función de sacerdote en un momento en que los más empobrecidos que residían en ese lugar le veían como su salvador porque ayudaba en todo lo que le era posible para tratar de sacar del marasmo a los más necesitados con sus consejos y acciones concretas.

¿Una espina en el zapato? Jamás. Si el fuere una espina en el zapato como consideran algunos que no hacen y sufren que otro haga, nadie lo aclamaría y defendería por sus obras tangibles y otras que no se ven porque no las anda cantaleteando.

Supongo que debe haber por lo menos un centenar con la vocación del padre Rogelio en lo que tiene que ver con la ayuda material y espiritual en las que usualmente está inmerso a favor de los más desposeídos. Sería bueno, ¿Por qué no?, conocer lo que hacen los demás pese a que no pocos prefieren pasar inadvertidos.

Quiérase o no, el padre Rogelio tiene una impronta bien ganada por su constante ayuda a favor de quienes más lo necesitan, sin esperar ninguna retribución, salvo la gratitud permanente de todas esas personas que por una u otra razón le aprecian y respetan.

Sería una incongruencia pretender alejar al padre Rogelio de su país donde se ha ganado un sitial porque hace lo que otros no hacen y dice lo que a no pocos le provoca escozor.

Lógicamente, cada quien tiene su forma de ser y eso debe respetarse a los demás que están en similar función. QUE LÁSTIMA QUE NO HAYA UN CENTENAR DE PADRES COMO ROGELIO AUNQUE FUEREN CLONADOS.

Todo el que pueda ayudar en las labores que este sacerdote lleva a cabo a favor de los más menesterosos, debe hacerlo. La vida es breve y nadie se lleva nada, absolutamente nada.

El padre Rogelio, probablemente a los ojos de algunos sea ¿Una espina en el zapato? Empero, todos los empobrecidos que de un modo u otro han recibido su ayuda como un enviado de Dios le veneran. Y no pocas personas, en distintos escalones sociales, también le respetan y aprecian por hacer lo que otros no hacen.

La autora es periodista Cándida Figuereo Figueroa.

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