Martes  23 de Enero de 2018 | Última actualización 06:40 AM
Abril en el presente
Por: NARCISO ISA CONDE | 11:57 PM

El próximo viernes 24 de abril se cumplen 44 años del inicio de la revolución constitucionalista de 1965 y de la guerra patria contra el yanqui invasor; y esta gesta, la más importante del siglo XX, debe ser recuperada y complementada en todo lo posible y necesario.

Este proceso tuvo la virtud de ser una experiencia revolucionaria profundamente dominicana, cargada de Duarte y los Trinitarios, Luperón y los Restauradores, Gilbert y los “gavilleros”. Aquel abril nos lega, entre otros valores, el pensamiento y la acción de los coroneles Fernández Domínguez y Francisco Alberto Caamaño, de Juan Bosch y de todos los intelectuales constitucionalistas y revolucionarios de la época.

Honestidad, democracia verdadera, unidad patriótica y popular y antiimperialismo, están entre sus grandes atributos.

Democracia, y no simplemente representativa, sino –y sobre todo- participativa y directa, basada en el pueblo organizado en comando armados, inspirada en una constitución avanzadísima, enriquecida por los hechos generados por esa revolución en el sentido de más democracia, de más participación, política y social, de unidad entre pueblo y militares democráticos, de justa distribución de lo medios disponibles (educación, salud, alimentación, armas, diversión…).

Antiimperialismo en la fragua del enfrentamiento directo con el invasor extranjero, contra un imperio cruel y voraz.

Unidad a pesar de la diversidad, unidad de las izquierdas revolucionarias y las fuerzas liberales y anti-intervencionistas, unidad de civiles y militares.

Honestidad desplegada antes y durante el proceso por sus protagonistas en rebeldía contra tanta corrupción y tantas mentiras.

Pero además la Constitución del año 1963 conserva significativa vigencia democratizadora y resiste un alto nivel de actualización y enriquecimiento. Más aun si se le incorporan las enseñanzas de gobierno y poder aquellos días gloriosos.

La Constitución del 63 podría ser un utilísimo punto de partida para una nueva propuesta de Constitución en el marco de un nuevo proceso constituyente. Con razón este régimen, negador de sus grandes valores, procura enterrarla.

El ensayo de democracia comunitaria, de democracia participativa con poder popular, puesto en práctica en la “zona constitucionalista”, es fuente para una nueva creación democrática, para una nueva institucionalidad estatal y una sociedad civil democráticamente organizada y protagónica.

Abril del 65, además de unidad patriótica y popular frente al “bando traidor y parricida” de que nos habló Juan Pablo Duarte, es fuente de valiosos aportes para la inevitable confrontación entre los beneficiarios de la recolonización neoliberal y la inmensa mayoría de la sociedad empobrecida y afectada por las nuevas modalidades de dependencia e intervención.

Los contenidos de esa gesta bloqueada por tropas extranjeras, precisan ser asumidos, potenciados y enriquecidos para darle continuidad y hacerla crecer en calidad y cantidad en el contexto de esta profunda y prolongada crisis nacional, ahora impactada por la gran crisis del capitalismo mundial

De lo que se trata es de actualizar y enriquecer este proyecto de sociedad y recuperarlo para derrotar la traición a esos ideales representada por el gobierno de Leonel Fernández

Y enriquecerlo implica tener bien presente los cambios acaecidos en las modalidades, instrumentos, composición social y formas políticas y culturales de la dominación. Como también los que se ha producido en las clases dominadas y explotadas. Implica, por tanto, apropiarnos de las nuevas ideas que sobre democracia y cambio social se han desarrollado en nuestra América y en el mundo, y sumarla al acerbo de la gesta del 65.

Nada más cerca en la historia de la democracia participativa que la experiencia de abril; que tocó a civiles y militares, y que hoy se proyecta en el proceso bolivariano de Venezuela y en la ola de cambios latino-caribeños. Porque nuestra nueva democracia, deberá ser duartiana y caamañista.

Volver a Abril no es intentar repetir lo acontecido. Es rescatar su esencia: honestidad, unidad, hermandad cívico-militar, autodeterminación y democracia participativa basada en una constituyente y una constitución profundamente democráticas. Es negar la farsa que en materia constitucional gestan en alianza espuria un presidente sobornador y un Congreso corrompido.

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