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Dos guerras y dos obras musicales
Por: JULIO CÉSAR PAULINO | 10:15 PM

A Teódulo Mercedes (Plinio), sanjuanero de pura sepa,
con afectos.

El 12 de octubre de 1941, tropas de infantería del ejército alemán apoyado por 40 tanques, chocaron en los accesos de Borodino con la 32 división de fusileros del ejército ruso. Durante todo el día la división logró rechazar más de 12 ataques del enemigo.

En Leningrado, un compositor de 35 años, de nombre Dimitri Shostakovitch, llevaba varias semanas escribiendo su séptima sinfonía; esta obra, era un cuadro pintado con notas musicales, donde el autor plasmaba la resistencia de un pueblo en pie de guerra, que combatía desde el Golfo de Finlandia en el norte, al mar de Azov en el sur.

El día 13, continuaron los encarnizados combates. Hacia el medio día, la superioridad numérica del ejército alemán quebró la línea de defensa rusa, obligando a la división a batirse en retirada. Ante esta situación se llamó a Stalin y se le explicó la situación, quien ordenó el envío de 40 tanques y una brigada de fusileros de las reservas estratégicas a defender a Barodino.

Ahora bien. ¿Por qué tanta preocupación por Borodino? Esta pequeña ciudad desde el punto de vista estratégico resultaba ser un punto cualquiera en el frente central, sin embargo, desde el punto de vista psicológico era un emblema para el pueblo y el ejército ruso. Allí se encontraba erigido el monumento conmemorativo a los soldados rusos caído en 1812, cuando el general Kutusov, al mando de un ejército de siervos se enfrentó al mejor ejército del mundo, La Grande Armée Francesa, comandada por la reencarnación del nuevo Alejandro Magno de la guerra, Napoleón Bonaparte.

Este acontecimiento trajo como consecuencia que se escribieran dos grandes obras de la literatura y la música rusa, La Guerra y la Paz, de León Tolstoi, y la Obertura Solemne 1812 de Peter Tschaikovsky, de la cual haremos un breve comentario.

Esta Obertura es una obra descriptiva escrita en 1880 donde el autor parece haber leído la obra de Tolstoi y haber escuchado la Victoria de Wellington de Beethoven o la Batalla de Waterloo.

La introducción la inicia un coro que interpreta el himno ruso “Dios salve al zar” (la mayoría de las grabaciones omiten el coro, pasando la melodía a las violas y los violonchelos). Este himno parece ser una oración fúnebre cantada donde miles de hombres marchan hacia la muerte. Un súbito acorde interrumpe el coro para iniciar un diálogo entre el oboe, los chelos y contrabajos que prepara con toques de fanfarrias el allegro marcial que anuncia el inicio de la batalla, donde la artillería francesa, con La Marsellesa de fondo, bombardea la posición rusa.

Un bello andante construido sobre una canción popular rusa anuncia una tregua entre ambos ejércitos, cuyo final va a ser interrumpido por la reposición de los toques de fanfarrias que vuelve a dar inicio a la batalla donde el ejército francés rompe la defensa rusa obligando a Kutusov a retirarse hacia Moscú.

Con banderas desplegadas y al son de La Marsellesa, Napoleón avanza hacia Moscú. Kutuzov ordena la evacuación de la ciudad y con el fin de que la Armée no encuentre donde abrigarse del frío incendió la ciudad. Sin comida, sin abrigo, y con un frío de más de 30 grados, Napoleón ordena la retirada, siendo perseguido por los Cosacos quienes cercenan con sus sables al ejército francés.

La orquesta interpreta el himno ruso, suenan las fanfarrias, los cañones, las campanas, todo el pueblo se lanza a la calle; de los 650 mil hombres de La Armée, 600 mil murieron en Rusia. La obra termina en una apoteosis sonora.

El 5 de diciembre de 1941 con un frío de más de 30 grados, los rusos, al mando del general Zhukov, pasaron a la contraofensiva derrotando al ejército alemán en la puerta de Moscú.

En Leningrado, Shostakovitch había terminado el tercer movimiento de su sinfonía. El primer movimiento duraba más de una hora y en él expresaba el sufrimiento del pueblo víctima de la guerra. En segundo y tercer movimiento describía la felicidad de sus años de infancia, y como una chispa divina le cayó en las manos la derrota alemana en Moscú, para escribir el cuarto moviendo. En este allegro el autor plasma la victoria del ejército ruso en La Segunda Guerra Mundial.

El compositor quiso mandar la obra para que fuera tocada por la Orquesta Sinfónica de Moscú, donde las cosas habían mejorados, pero el pueblo se opuso, y en marzo de 1942, la obra fue estrenada en Leningrado. Una copia fue enviada a Nueva York, donde se estrenó en el mes de julio del mismo año, con un éxito total bajo la batuta de Toscanini.

El autor es antropólogo.

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