Jueves  24 de Octubre de 2019 | Última actualización 11:08 PM
Mutis de neoliberales en tiempos de proteccionismo
Por: BERNARDO HIRAN SANCHEZ MELO | 7:22 AM

Contrasta significativamente la posición beligerante de la otrora Fundación Economía y Desarrollo, FEyD, del aguerrido Andy Dahuajre, a favor de las concepciones ricardianas clásicas y dictámenes del Consenso de Washington al país en pos de justificar los acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos y Centro América, y la adopción de las reformas propuestas en el vademécum “El Programa”, con el silencio en la actualidad de los acólitos neoliberales, ante el apuntalamiento de la política comercial norteamericana hacia el proteccionismo y las embestidas de Trump al libre comercio.

En efecto, la gestión del presidente Trump se ha orientado hacia la aplicación de políticas proteccionistas y el cuestionamiento a los Acuerdos de Libre Comercio. En el caso de China Continental el Gobierno estadounidense está propone aranceles selectivos de un 10% a cientos de productos de origen chino, hasta completar un valor total de 300,000 millones de dólares, y restricción a la empresa HUAWEI en la adquisición de productos tecnológicos norteamericanos.

En tanto, aplica junto a naciones europeas, penalizaciones financieras, comerciales y sanciones políticas al Gobierno ruso, por ser esta nación competencia de la industria armamentista norteamericana, dada la condición de Rusia de ser la segunda productora y comercializadora de armas en el mercado internacional.

En el caso de las medidas proteccionistas estadounidenses en contra de Rusia, nada se ha dicho en el ámbito comercial, por ser estas de carácter no arancelarios, asociadas a problemas de conflictos regionales y reordenamiento en la geopolítica global. De manera que, en este caso, por alejarse de las reglamentaciones de la OMC, el debate se queda en torno a conflictos internacionales de carácter geoestratégicos.

Así, uno de los casos más explícitos de la guerra comercial en el mercado de armamentos lo constituye la prohibición a Turquía de comprar aviones norteamericanos de quinta generación TU-3, por haber adquirido los sistemas de defensa rusos TU-400. Medidas aplicadas, en igual tenor, al Gobierno Indio para que no compre los sistemas de rusos defensa antiaéreos.

En lo que respecta a China, las restricciones de índole arancelario, y coercitivas, como la imposición de compras punitiva de productos agrícolas de origen estadounidense, Trump trata de reeditar la agresión comercial impuesta por los países occidentales contra el país oriental en épocas remotas.

En efecto, de la historia de Asia Oriental se conoce que, en el siglo XIX, si bien los comerciantes occidentales vendían una considerable cantidad de productos a cambio de té chino, seda, porcelana y artículos lacados, el intercambio era desfavorable para los mercaderes europeos. Se tiene el dato de que en apenas veinte años la transferencia de Estados Unidos a China se elevó a la suma de 62 millones de dólares, como resultado del comercio favorable al país asiático.

Es pues, que los comerciantes ingleses ante la situación desfavorable en los términos de intercambios, introdujeron el opio en China, a los fines de imponer una mercancía que la población debía asimilar y consumir de manera masiva. Así, entre 1830 y 1836 la cantidad de opio vendido a China se incrementó en un 60%, inclinando la balanza comercial a favor de los británicos, al producirse un flujo negativo de plata (dinero) en contra de la economía china para pagar las importaciones de alcaloides, lo que la condujo a una eminente crisis económica.

Así las cosas, transcurrieron decenas de años en una China bajo todo tipo de accedió comercial, militar y político, de imposiciones comerciales y negociaciones, primero para que las diferentes dinastías que se sucedieron en la conducción del Estado cedieran en la apertura de puertos a mercaderías de las potencias occidentales e inclusive concedieran parte de su territorio de manera involuntaria a los países imperiales. Situación que se detuvo, muchos años después, tan sólo con el advenimiento de la Revolución popular liderada por Mao Tse Tung.

Sin embargo, con el devenir del tiempo, la posición política y económica del gigante asiático ha repuntado, bajo un régimen dirigido por un partido comunista, sustentada en la adopción de prácticas marcadamente abiertas al comercio internacional y la desregulación de los mercados financieros, de flujos de capitales, y la comercialización y exportación de bienes industrializados y de consumo masivo.

Hoy en día es el Estado chino quien reclama plena apertura comercial, tal y como Reagan y Thatcher lo hicieron e impusieron a escala mundial en los ochenta. Pero el escenario en el cual los chinos y norteamericanos lograron generar en el 2018 un volumen de intercambio comercial del orden de los 660,000 millones de dólares, ha resultado desventajoso para los Estados Unidos, según Trump. A pesar de que el intercambio apenas representa un 5 % de toda la economía china y es, además, mucho menos que los 1,3 billones de dólares del crecimiento chino en ese año.

Claro está, se soslaya el hecho de que no obstante China haber vendido productos valorados en 540,000 millones de dólares a EE. UU. en 2018, los ingresos percibidos por la economía del gigante asiático fueron una fracción de la totalidad del valor producido dada su participación en la cadena global de producción moderna, en la cual China funge como ensambladora.

De modo que, los afanes de Trump de trasladar hacia los Estados Unidos la demanda de trabajo, vía el incremento de aranceles a los fines de encarecer los productos chinos, para equilibrar la balanza comercial y generar empleos, tendrá sus efectos en los consumidores y empresas de Estados Unidos, tal y como lo planteó Naomi Wilson, directora de política global de China-Asia, del Consejo para la Industria de la Información y la Tecnología, al considerar que el incremento de los aranceles podría seguir perjudicando a los consumidores y las empresas de EE. UU.

Es pues, ante este escenario propicio para el debate que la sociedad dominicana amerita escuchar las opiniones de los integrantes de la otrora Fundación, a los fines de evaluar el impacto de las medidas neoliberales impuestas al país. Aunque, se entiende que, quizás por los avatares que significa hacer frente a las acusaciones de involucramiento de algunos de sus fundadores en el caso Odebrecht, no dispongan de tiempo para dedicarlo a tan controvertido tema.

. El autor es Ph.D. en Economía.