Viernes  22 de Noviembre de 2019 | Última actualización 07:00 PM
Carta a Danilo Medina
Por: Columnista de Barrigaverde.net | 2:59 PM

Señor presidente:

No son placenteras las motivaciones mías al escribirle esta epístola; créame, muy bien pudiera yo estar invirtiendo mi tiempo en actividades más edificantes o constructivas. Pero como el deber se antepone a todo, aquí estoy, para puntualizarle ciertas cosas que, aunque están a la vista de todos, parecen desapercibidas por usted y su “honorable” gabinete.

Cuando usted vendió su figura presidencial con el famoso y ahora inefable eslogan de “corregir lo que está mal; continuar lo que está bien y hacer lo que nunca se ha hecho” muchos se subieron al quimérico carro de la esperanza que usted tan astutamente les vendió.

Pero en el devenir de su presidencia, no tomó mucho tiempo para que el enunciado del referido eslogan tan perjudicial para el pueblo que usted tan deshonrosamente preside se percibiera como un gran fiasco.

Nos percatamos que sus acciones al frente de la cosa pública se podría definir como “continuar lo que está mal, superar lo que se ha hecho mal y hacer peor lo nunca se había hecho”.

Usted no fue el artífice del blindaje jurídico de los funcionarios y legisladores de la actual administración, eso es cosa de Leonel, aunque usted haya continuado con la bochornosa práctica y, como no, llevarla a extremos francamente surreales. Tampoco fue usted la mente maestra detrás de la compra de gran parte de los periodistas, convirtiéndolos en meras bocinas mediáticas y muñecos ventrílocuos repetidores de todo cuanto pueda decirse en defensa de su gobierno. Nueva vez, esta también fue una práctica nacida en las administraciones de su eterno rival villajuanero.

Si hablamos de corrupción e impunidad, actividades de las que usted tampoco ha sido el autor pero que sí las ha llevado a un nivel que sería difícil de superar. Escándalos como los de OISOE, PUNTA CATALINA, CASO JUNIOL RAMÍREZ y otros más, hacen de su administración la non plus ultra en cuanto a corrupción se refiere.

Pero, como la “rueda de la historia no se detiene”, no sabemos a ciencia cierta y usted alguna vez se ha detenido a pensar cómo será el recuerdo y el puesto en la historia y la valoración que tendrá de usted el pueblo cuando abandone la presidencia.

Las motivaciones para llegar al poder son varias, para ustedes, los políticos profesionales: sed de poder, ganancia económica, ocupar un puesto estelar en la historia o quizás todas las anteriores, dejando relegada a un ínfimo plano el gobernar para las mayorías y hacer de nuestra democracia un ejercicio diáfano.

Los asaltos y constantes intentos de violentar nuestra Constitución es una práctica a la que usted tampoco pudo sustraerse, parece que esta actividad está profundamente arraigada en el código genético del político dominicano y, obviamente, usted no podía ser la honrosa excepción.

No sé qué odio más, si su fria perversidad ante los actos de corrupción, impunidad, nepotismo y permisibilidad en su gobierno o su horrible dicción y ausencia total de recursos retóricos. Ya sabemos el por qué de su desaparición y evitar a toda costa las alocuciones que se requieren de los mandatorios cuando la situación lo amerita.

El servicio diplomático ha sido convertido en una fuente de favores personales de usted y su séquito; la mejor forma de favorecer el cariño dispensado de una “segunda base”o tal vez el pago por una adhesión.

Pero también pienso que usted, señor presidente, está sufriendo los embates inequívocos de “la soledad del poder”, síndrome maldito que ataca a aquellos que en algún momento de su vida llegan a creerse omnipotentes. Y hasta es posible que en algún momento de lucidez momentánea usted haya pensando ¿y si yo no me hubiera metido en este berenjenal? ¿Y si hubiera optado por ser feliz y servir a mi país sin ser presidente? ¿Lo habrá pensando usted alguna vez, señor presidente?

Muchos dicen que la llamada de Pompeo impidió el que usted y sus acólitos prostituyeran nueva vez la tantas veces ultrajada Constitución.

Por lo que ahora, en un intento vano por no desasirse del poder, trata usted de catapultar por todos los medios que el poder pone en sus manos, a su ministro y hombre cercano y de confianza, Gonzalo Castillo. Y es que usted, señor presidente, no sabe como bajarse del caballo y en sus adentros o quizás rendido ante las evidencias sabe que, no importa como baje de la montura del gobierno, no saldrá de la caída sin un potente impacto a su anatomía.

Señor presidente, como decía el anuncio del cigarrillo vaquero: “densos nubarrones se arremolinan en su horizonte", ¿está usted preparado para el temporal?

Solamente le deseo que su castigo, el terrenal y el de la historia, sea directamente proporcional al daño que usted y su partido le ha hecho al pueblo dominicano.

Muy deferentemente,

Domingo A. Valdez