Miercoles  13 de Noviembre de 2019 | Última actualización 01:11 PM
Han perdido la cordura
Por: Columnista de Barrigaverde.net | 10:07 AM

Los corruptos aposentados en los distintos estamentos del Estado lucen tan embriagados de poder e impunidad, que hacen ostentación de sus fortunas y estilo de vida glamoroso.

De sus tímidos y esporádicos “golpes” económicos iniciales, han pasado a sistematizar la corrupción en sus dominios. Sus riquezas han crecido como la bola de nieve que se desliza por la pendiente.

La putrefacción es tal, que un escándalo de corrupción es sepultado por otro mayor. Tienen arrojo, controlan a su favor el narcotráfico y lavado de activos. Son audaces, articulan sus capitales a otros nacionales y extranjeros con distintos orígenes.

El frenesí en multiplicar su poder económico raya en lo psicótico; como si padecieran “la fiebre del oro”, que desatara James Marshall en enero de 1848 al descubrir el precioso metal en Sacramento, California.

Lo peor de todo es que han permeado el tejido social con su modus vivendi y operandi. Envilecen a los miserables y a los débiles de carácter. Se apoyan en un injusto sistema político para pervertir los poderes del Estado.

Han creado fortísimos y bien estructurados monopolios. Se alternan en el Poder con otros grupos y se asocian discretamente entre sí, desde los distintos partidos políticos a los que se adscriben.

Han entronizado el sicariato y con él controlan, eliminan y atemorizan a sus adversarios menores del bajo mundo. Superan en perversidad, temeridad y audacia a Lucky Luciano, Giuseppe Mazzini y Al Capone.

Emplean herramientas modernas de comunicación para imponer su dictadura mediática, conscientes de que así se esclaviza mentalmente a los grupos sociales más débiles, potencialmente explosivos.

Pero han olvidado algo muy importante… la justicia popular tarda, pero llega. Y es implacable.