Miercoles  13 de Noviembre de 2019 | Última actualización 01:11 PM
Delincuencia y entreguismo
Por: Columnista de Barrigaverde.net | 8:29 PM

En República Dominicana, la delincuencia común y la delincuencia política actúan en estrecha asociación. Se confunden entre sí, y se funden formando un abominable entramado. La delincuencia política coordina la relación con el poder imperialista y la colaboración del entramado en el proyecto de saqueo y dominación.

Gobiernos que dan vergüenza y opositores de derecha que buscan protagonismo en el esquema colonialista, rinden cuentas ante el poder imperialista, el cual les exige, en términos reales, obediencia y sumisión.

No es casual que el Gobierno dominicano haya votado el pasado día 12 por la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

Con el voto en la Organización de Estados Americanos (OEA) el presidente Danilo Medina y el canciller Miguel Vargas comprometieron el nombre de República Dominicana en el apoyo a una propuesta que tiene el sello de Iván Duque, ultraderechista presidente de Colombia, y la dirección de Donald Trump, de John Bolton y de la ultraderecha inserta en el poder estadounidense.

El presidido por Danilo Medina es un gobierno que da vergüenza. Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Haití, Honduras, Paraguay y República Dominicana, votaron a favor de convocar al órgano de consulta.

Hay que destacar que los medios de comunicación controlados por la oligarquía añaden a esta lista el nombre de Venezuela, por el voto del representante de Juan Guaidó (manejado igualmente por Donald Trump y Elliott Abrams). ¡Suman ilegitimidad como si no bastara la que arrastran los otros once asquerosos gobiernos! ¡Qué descaro!

Danilo Medina sigue la línea de sus antecesores. Leonel Fernández, durante su primer mandato, dispuso el envío de policías dominicanos a Kosovo. Hipólito Mejía envió tropas a Irak en el año 2003 y respaldó después en la ONU una propuesta yanqui de condena contra Cuba. Son los antecesores inmediatos. Y hay elocuentes crónicas que muestran el entreguismo de Joaquín Balaguer y de los gobiernos encabezados en la década de 1980 por dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano.

¿Reformando la podredumbre?

Cuando la podredumbre es evidente y se manifiesta la inconformidad de la población con la corrupción de los multimillonarios funcionarios, el poder imperialista aparece en escena, interviene las instituciones
sin cuidar siquiera las formas y se erige en tutor justiciero que otorga premios y castigos.

Pero la corrupción se torna inocultable.

Los estrategas imperialistas chantajean y los funcionarios se ven obligados a obedecer.

La oposición electorera, derechista y entreguista como el propio gobierno, celebró la llamada del secretario de Estado, Mike Pompeo, al presidente Danilo Medina, afirmando que resultó de la misma (culminación de la gestión del desacreditado senador Bob Menéndez), la decisión del gobernante de no repostularse.

Esta oposición, formada por politiqueros con vocación de gobernadores de colonia, prefiere hablar de lo que se ve, no por ingenuidad, sino porque tiene el compromiso de hacer invisible la intromisión, la manipulación y el chantaje imperialista.

La ultraderecha que colocó a Donald Trump en la Presidencia de Estados Unidos cosecha lo que ha sembrado junto a la derecha sometida. Aplica sin disfraces la política injerencista, porque le basta con presentarse como justiciera.

Cabe destacarlo a propósito de lo que ocurrió recientemente (aún ocurre, aunque el poder intenta sacarlo de los medios que controla) en República Dominicana. La Drug Enforcement Administration, bien conocida en América Latina como DEA, y el Federal Bureau Of Investigation, FBI, encabezaron el mes pasado un operativo en República Dominicana.

Nadie se opondría a la búsqueda y captura de un capo de la droga y menos al intento de desarticular una red de tráfico de drogas, y no es secreto que el Ministerio Público, la Policía Nacional y grupos politiqueros ligados al presidente de la República y a destacados dirigentes de la oposición, además de grupos empresariales con nombres sonoros, tendieron un colchón a las actividades de esa organización criminal. Pero la injerencia es más que grosera, y eso no puede soslayarse.

La DEA y el FBI suplantaron sin disfraces al Ministerio Público y lo hicieron porque, en el ambiente político dominicano, la injerencia no crea un escándalo de grandes dimensiones.

Quienes señalan que esos organismos movieron la acción contra el crimen son incapaces (por compromiso, hay que reiterarlo, no por ignorancia) de observar que, en el operativo realizado bajo la dirección de la DEA y el FBI no fue capturado el protagonista y menos no fue evidenciada la composición de la red.

Es una vieja práctica que, localmente, han ejercido gobiernos y sectores con algún nivel de inserción en el poder, y que el poder estadounidense, en su afán de preservar la hegemonía en el esquema global, puede ejercer a mayor escala. Se trata de manejar a conveniencia los detalles de un expediente, que puede tener muchas ramificaciones, es decir, puede ser la suma de muchos hechos y del accionar de varias redes, y darle un uso politiquero.

No se hace justicia, pero se arrodilla y se pone a inclinar más hacia abajo la cabeza a quienes están
vinculados.

El nombre de César Emilio Peralta, conocido por el apodo César El Abusador, es el que puede sonar, pero la manipulación política no se da solo a partir de las acciones del capo (¿acaso tan poderoso que, por más de un mes, ha podido esconderse de las autoridades dominicanas, del FBI, la DEA, la CIA y demás). También a partir del ejercicio de la delincuencia política.

¿Qué otra denominación puede darse a la comprobada estafa en operaciones como la instalación y adquisición de la central termoeléctrica Punta Catalina, la adquisición de los aviones Tucano, y los numerosos fraudes contra el Estado durante el gobierno encabezado por Hipólito Mejía? Ese grupo, marcado por la corrupción y siempre en busca del apoyo imperialista para mantener sus privilegios y preservar su inserción en el esquema de poder, es obligado a arrodillarse.

Por eso el Gobierno votó en la OEA por la activación del TIAR a sabiendas de que se trata de crear las condiciones para acorralar a Venezuela y aumentar la magnitud de las sanciones contra Cuba. Si ha
pretendido utilizar los escasos espacios de autonomía para administrar a su interés las relaciones internacionales, no puede negarse a dar apoyo a Estados Unidos en objetivos fundamentales.

¡Es un gobierno arrodillado, asquerosamente arrodillado!

La oposición electorera no se mueve por esta razón, porque está llena de politiqueros con vocación de gobernadores de colonia. Uno de ellos, Luis Abinader, celebró la llamada de Pompeo y la gestión de Bob Menéndez, y no se ha tomado la molestia de analizar la actuación en el país de la DEA y el FBI.

Es obvio que, en un entramado sostenido por el soborno y la corrupción, la delincuencia común tiene garantizado un espacio importante y desempeña roles en los cuales, si no se presenta en principio como tal, termina por imponer su definición.

Los delincuentes de cuello blanco temen que se destapen sus vínculos con los encargados de realizar el trabajo sucio, y el temor a la humillación y a ser despojados de sus bienes y privilegios los hace arrodillarse y bajar la cabeza hasta el suelo si es preciso.

El sector de la delincuencia común que es capaz de mover grandes sumas ha actuado en consonancia con la delincuencia política y la ha marcado.

La imposible renovación

El propio Danilo Medina reconoce el desgaste y habla de sangre nueva. Pero nada limpio (peor que el pus ha de ser) puede salir de un sistema podrido, marcado por la corrupción y el entreguismo y por la prevalencia de la delincuencia común.

La oferta del sistema hiede, y ya no basta con taparse las narices. El poder estadounidense lo sabe, pero no manipula para desarticular ese grupo, porque se sirve de él.

No espera que César, Toño o cual sea el nombre del imputado, le ofrezca informaciones, ya las tiene.

De modo que no es el afán de hacer justicia, sino los intereses de grupos los que determinan, en esta sociedad, el hecho de que un individuo se convierta en capo buscado o prófugo después de haber sido capo consentido por dirigentes empresariales y partidarios.

El imperialismo utiliza los expedientes de corrupción para convertir en títeres baratos al procurador general, a los jefes policiales y militares y al propio presidente de la República, y para asignar el papel de alabarderos de los injerencistas a dirigentes dizque como Lenoel Fernández, Hipólito Mejía, Quique Antún y Luis Abinader.

Estos hacen lo que sea, ante el riesgo de que sean desempolvados y presentados ante la opinión pública los expedientes en los cuales están seriamente comprometidos.

¿De qué renovación se habla en el marco de este sistema político? Es ridícula la que quieren vender desde el norte, que se apoya en el TIAR, un pacto firmado en 1947, y en la Ley de Comercio con el Enemigo que, además de ser netamente estadounidense, data de hace más de un siglo y sirve de apoyo para prolongar y reforzar el criminal bloqueo contra Cuba.

A los estrategas imperialistas, a la oposición de derecha y al Gobierno dominicano, la podredumbre les sirve de marco. Cualquier declaración contraria de alguno de sus personeros, es pura pose.