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Recuerdos de mi San Juan
Por: LUIS RAMON DE LOS SANTOS (Monchín) | 4:48 AM

Declarada la revuelta de abril del año 1965, los muchachos de San Juan estabamos muy atentos a todo lo que estaba aconteciendo en la capital, de pronto se nos metió en el cuerpo unas ganas enormes de irnos a pelear, claro, no sólo era difícil, sino una misión que rayaba en lo imposible, ya que los servicios de inteligencia destacados en la ciudad estaban muy atentos a los movimientos de los jóvenes.

La garita, situada a la entrada de San Juan, estaba celosamente custodiada por policías y militares, que no sólo registraban a todo el que pasara por alli, sino que retenían tus documentos personales para fines de depuración; no era posible entonces que dos o más jóvenes se reunieran con cierta libertad en ningún sitio público, so pena de terminar encarcelados, golpeados y condenados bajo la acusacion de ser enemigos del gobierno, comunistas o terroristas.

En realidad, las ganas de irnos para la capital no sólo encontraba el escollo oficial, sino la oposición rotunda de nuestros familiares.

Sin embargo, la idea acicateada por los informes, las proezas bélicas alcanzadas por José Humberto Terrero, Manuel Terrero Sánchez, Papo Bazuca, Pancrasio y Carbucia, Eíde Cadena y Samuel Peralta Heyaime entre otros, no se nos quitaban de la cabeza; había que hacer algo y pronto.
Casi por casualidad, un día de esos Luisito Medina Calero, Rafaelito Herrera Olivieri y yo nos encontramos cruzando la calle Mella rumbo a la Colón, después del saludo de rigor la conversación obligada giró en torno a la guerra patria y la manera de incorporarnos a la misma a como diera lugar. Los tres estuvimos de acuerdo en reunirmos en un lugar secreto a fin de trazar los planes.

Días después acordamos reunirnos en el techo de lo que fue el local del Partido Dominicano, hoy escuela de Belles Artes, una vez alli y como si estuvieramos en combate nos tiramos boca abajo para evitar que alguien nos viera desde lejos, asi en esta incómoda posición acordamos hablar con una persona que tenía un camión que transportaba platanos a la capital.

El plan era meternos junto a la carga de la mausácea, escondidos bajo los inmensos racimos, y que nos dejara lo más cerca posible de Ciudad Nueva, bastión geográfico de la Guerra de Abril, decidimos pagarle la suma de 25 pesos por los tres. Todo iba de maravilla, hasta que uno de los tres improvisados combatientes sintió que alguien estaba subiendo hasta el techo del local, no había sitio para esconderse, acordamos entonces enfrentar a quien fuera; la idea era morir por la Patria.

Listos para lo que fuera, sentimos cuando se abrió la puerta que daba acceso al techo y cual no fue nuestra sorpresa, cuando vimos entrar a doña Aurelina Domínguez con un palo en la mano y un cigarro en la otra.
El susto fue mayúsculo, nos miramos unos a otros sin saber que pensar ni que decir.

-Miren muchachitos del coño, ¿qué hacen ustedes ahí, los tres juntos como tres ladrones? ¿Qué es lo que están tramando?, ¡carajo!, nos dijo la doña.

Yo dí un paso al frente, porque doña Aurelina no sólo me quería como a un hijo, sino que era una de las mejores amigas de mi madre.

-Mire doña, le dije, usted no lo va a creer, pero estamos aquí mirando a San Juan desde las alturas, ¿verdad que es bonito? Mire como se ven las casas chiquititas.

-Mire carajito de mierda, ¿tú crees que yo soy pendeja? ¿Tú crees que yo no se que tú, Luisito, el de mi compadre Luis Medina, y el hijo de Yaque son comunistas? Algo grande estan tramando ustedes, buenos bandidos; se me bajan de ahi y se me largan antes de que le rompa este garrote en la cabeza.

Bajamos tristes y asombrados, sin imaginarnos como diablos supo doña Aurelina nuestros planes.

Unos días más tarde nos encontramos con uno de los hijoss de la doña, Bienvenido, a quien cariñosamente le decíamos y le decimos Chichi, le echamos el cuento, y este con una sonrisita malévola dibujada en el rostro nos dijo:

-¿Ustedes quieren saber cómo mamá supo esa vaina?

-Claro, le contesté.

-¿Tú recuerdas, Monchín del alma, cuando nos bebimos la chata de Bermúdez en mi casa? ¿Recuerdas que ese día te emborrachaste y te pusiste de baboso? Pues a mi mamá y a mi nos contaste todo lo que iban a hacer y desde ese día yo los estaba vigilando y cuando los ví subir, se lo dije a mi mamá...

De más está decirles, que Luisito y Rafaelito estuvieron más de 15 años sin dirigirme la palabra.

Asi es mi muy querido Rafael Emilio Reyes Pineda, compañero de labores en Radio Centro y gloria literaria de San Juan y el pais. Seguire con esas dulces memorias porque recordarlas y publicarlas es como aplicarle un remedio al olvido. Me enorgullece que me leas y mucho mas que me comentes, un abrazo hermano.

, Luis Ramon De los Santos F. Boston, EEUU

Luis Ramón de los Santos(Monchín), he gozado mucho con tu recuerdo. Hasta me he reído un montón. Esa es una de tus hazañas de juventud. Las otras las recuerdo sin que las publiques, pero si las sigues publicando mejor. Es bueno recordar y con tus recuerdos transmites conocimiento de historia provincial y nacional, historia patria y vivencias. De hecho, ha sido útil para mí la mención de esos combatientes que hoy están en el olvido. Hay que poner, como titulara Diógenes Céspedes, "Memoria contra el olvido". Desde Uruguay, te mando un abrazo fraterno, grande y eterno.

Rafael Pineda.

, Montevideo