Lunes  18 de Junio de 2018 | Última actualización 08:05 PM
La muerte al revés
Por: NARCISO ISA CONDE | 8:00 AM

El general golpista y genocida Elías Wessin y Wessin fue enterrado con honores oficiales y bendiciones católicas, como un gran defensor de la vida y los derechos del pueblo. En pleno mes de abril.

En opinión de los propiciadores de esos honores (los mismos del mamotreto sobre el aborto), el golpe de Estado que encabezó Wessin contra el gobierno de Bosch y la Constitución de 1963 se hizo al parecer para promover la “vida” encarnada por aquellas manifestaciones de “reafirmación cristiana” organizadas por la alta jerarquía de la iglesia católica en alianza con los militares y la oligarquía golpistas.

Se deduce entonces que el bombardeo a esta ciudad en abril de 1965 se ordenó sólo para “cazar” los 56 comunistas malvados que querían quitarles la vida a todos los capitaleños y se entiende además que el genocidio de la “operación limpieza” se llevó a cabo para proteger al pueblo de los agentes de la muerte y del “comunismo ateo y disociador”.

Así la invasión yanqui fue promovida por Wessin para salvar la nación infectada por la Constitución de 1963 y rescatar a los residentes gringos amenazados de muerte. El terrorismo de Estado que ésta desató, a pesar de los miles de asesinatos que causó, representó un grandioso esfuerzo en defensa de la vida de la colectividad nacional.

Wessin no mató, sus víctimas no califican para ser incluidas en el artículo 30 de la nueva Constitución sometida por Leonel a una “Asamblea Nacional” dedicada a defender los “vivos” que disfrutan de este paraíso terrenal.

Balaguer menos aún, ya que como “padre de la democracia” está muy lejos de ser considerado responsable de lo miles de crímenes políticos acaecidos durante sus 22 años de gobierno. Esos muertos no están muertos: nunca fueron concebidos.

Tampoco hubo crímenes durante Las Cruzadas, ni a raíz de la Inquisición. Los conquistadores y colonizadores fueron bendecidos por la Iglesia Católica por la manera como defendieron la vida de las huestes “civilizadoras” contra la barbarie de aquellos “peligrosos” indios y negros esclavizados.

En verdad no hubo asesinatos durante la era de Trujillo, ya que el pundonoroso monseñor Pittini dio fe ante el Papa de que “El Jefe” defendía el derecho a la vida desde la misma concepción hasta que él ordenara la muerte.

En estos tiempos las “ejecuciones extrajudiciales” de la Policía y las “operaciones” de sus “los cirujanos”, tienen por misión salvar vidas y garantizar la “seguridad democrática”, por lo que han merecido la bendición del Cardenal.

Las muertes por hambre no son muertes, ni tienen responsables. Los muertos por enfermedades curables tampoco. Las cifras sobre mortalidad infantil materna no significan nada.

Los capitalistas están libres de toda sospecha de asesinatos económicos y sociales. El capital es igual a la vida y el trabajo a la muerte. El imperialismo hace guerras que al parecer no matan.

Los políticos, funcionarios, jueces, jefes militares y policiales corruptos nunca han atentado contra la vida. Ellos nada tienen que ver con la muerte por hambre ni por represión. Nadie mató a esos muertos, ellos gozan de buena salud. El artículo 30 no está hecho para estos ejemplares ciudadanos(as).

Ellos(as) proclaman que nunca han interrumpido un embarazo fruto de una violación, que nunca le han quitado la vida a un embrión que terminaría liquidando la vida de la madre y que nunca han atentado contra una concepción de una criatura anormal; y niegan haber interrumpido un embarazo mortal en una menor. Dicen oponerse al aborto terapéutico y se pintan como “defensores(as) de la vida”, especialmente de todos los embriones, aunque se estén muriendo y matando a la vez la vida de la madre que lo aloja. Son personas de una especial santidad y de un especial amor por la vida.

El artículo 30 ha sido especialmente confeccionado para actuar contra los(as) que se atrevan a aceptar o realizar un aborto terapéutico o a usar y/o aplicar un método anticonceptivo con efectos posteriores a la concepción, o a promover la fertilidad con métodos “in vitro”. Está hecho para negar a la mujer los derechos sobre su cuerpo y su vida.

Es un artículo “made in opus dei”, reelección Leonel y Arzobispado, con apoyo de oligarquía y partidocracia corrompida y pusilánime. Imbécil quien lo respete, como imbéciles serán quienes acepten como legítima una Constitución hija de la ambición y de un poder gansterizado. Faltan todavía muchas aberraciones por aprobar. Amén

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